Hoshi Minamoto
31-10-2008, 02:05:57
Lo pongo en dos mensajes porque no cabe en uno XD
Espero que os guste y disfruteis con el owo No hay mucha accion ni miedo, pero a mi me gusta x3 No me gustan las historias de miedo :0
Notareis que el final esta más apresurado, y habrá cosas que no se terminen de explicar bien XD pero no tenía más tiempo... lo siento x3
El cementerio de los Bakemons
La lluvia que producía un monótono y soporífero sonido al chocar contra las ventanas, hacía que se me cerraran irremediablemente los ojos. Si a los efectos adormecedores de la lluvia le añadimos la voz del profesor de Historia del Mundo Digimon el resultado es una Hoshi babeando sobre el pupitre soñando con su amor platónico.
Noté un codazo justo en el momento en que Kouji me tomaba entre sus brazos y entre latidos de corazón y música celestial acercaba su rostro al mío. La imagen se desvaneció igual que el vaho en el aire.
- ¿¡Qué te crees que haces!? – grité histéricamente abriendo los ojos de golpe desafiante a un sorprendido muchacho de corto cabello castaño y ojos marrones que me miraba con la paciencia que siempre le había caracterizado, Kio Asayama, uno de mis mejores amigos y el que me había golpeado.
- ¿Ocurre algo Mitani? – la voz del profesor desde un punto cercano a mi nuca hizo que sintiera un pequeño escalofrío.
- Que va... – respondí vacilante con una sonrisa de culpabilidad que me delataba
- ¿Qué tal si sale al pasillo a ver si el aire fresco le despeja?
- Pero si en el pasillo no hay aire fresco – protesté, pero mi destino quiso que el profesor me mirara con dureza y con un dedo señalara firmemente la puerta a pocos metros de mi mesa.
Me levante a regañadientes y deseando para mis adentros que el profesor se diera con el libro de Historia del Mundo Digimon en los dientes.
Noté las miradas de mis amigos, mis compañeros de clase y mis enemigos siguiendo el mismo recorrido que yo. Incluso las sentí cuando ya había cerrado la puerta.
El pasillo... tres veces en una semana, iba progresando. Me desperecé mientras bostezaba ruidosamente y me senté en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Poco a poco los párpados comenzaron a pesar demasiado y me dejé envolver por el mundo de los sueños.
- Mírala, tan feliz. Y yo aguantando el tostón de Historia...
- Que mona está cuando duerme.
- Si tú lo dices...
- También tú lo piensas,¿me equivoco, Sandro?
- Sí
- ¿Si lo piensas o si se equivoca?
El diálogo de tres voces me sacó de nuevo de aquel mundo en que volar no es imposible, ni que una persona se transforme en otra. Algo bastante desagradable cuando ves a tu amor a lo lejos te acercas felizmente y al girarse hacia ti con una sonrisa picaresca descubres que es en realidad un viejo de cara arrugada... Pero no era ese el tema. Los que hablaban eran Kio, Sandro y Seiun.
Eran mis mejores amigos, desde que era pequeña.
Seiun, la amiga más genial de la historia de las amigas, era una chica más alta que yo, algo no demasiado difícil si soy sincera. Un metro y medio de altura lo supera cualquiera. Tenía la piel de color tostado, como bronceada por rayos de oro, siempre me ha gustado su piel. Llevaba el plateado pelo corto recogido en dos pequeñas coletas, con el flequillo ondulado que caía sobre sus enormes ojos de un hermoso color granate. Vestía el uniforme, al igual que yo, el uniforme escolar femenino de la OPSD: un vestido negro sin mangas con un lazo azul en la cintura, sobre el que se llevaba una chaquetilla que apenas llegaba a mitad del torso de manga larga (en los meses de frío) de cuadros escoceses azules y una gran cremallera que la recorría. Los bordes y los puños eran blancos. Los calcetines de rayas blancas y azules llegaban a la rodilla, y acababan con unos zapatos negros brillantes de punta redondeada.
Kio, como ya he dicho, tenía el cabello de color castaño en un corte casi radical. Sus ojos pequeños pero vivaces demostraban una gran confianza en sí mismo. Era el más alto de todos, para fastidio de Takeshi, un chico al que no sabría si definir con la palabra amigo o compañero, pero que iba siempre con nosotros por trabajar en el mismo grupo en la OPSD.
Sandro, el intelectual y serio del grupo, tenía el pelo de un rojo claro que siempre he adorado, sus ojos verdes se fijaban en todos los detalles, nada pasaba desapercibido a su mirada. Muchas veces he creído que es capaz de leer la mente, es impresionante la de veces que ha adivinado lo que pienso. Cuando se lo comento siempre sonríe enigmáticamente, hace poco me dijo que después de pasar tantos años conmigo me conoce demasiado bien. Es posible, también Seiun parece conocerme mejor que yo misma, pero como nunca dice nada solo puedo suponerlo por sus ojos y porque yo también la conozco a ella.
El uniforme de los chicos era parecido al nuestro, una camisa blanca de puños rojos con un chaleco rojo de cuadros escoceses por encima, pantalones negros y zapatos igualmente negros.
Seiun siempre manifestó un cierto rechazo hacia el uniforme, a ella le gustan los colores pasteles y el blanco. El negro nunca le ha agradado para vestir, a mí al contrario me encanta. Casi todo mi armario es de ropa de este color.
- ¿Ya ha despertado la bella durmiente? – preguntó Sandro sarcásticamente al verme abrir los ojos.
- Gñf – respondí yo sin demasiada educación. Si por algo se me conoce es por ser la Chica de los Sonidos Prehistóricos, también me llamaban la Friki de Kouji, la Loca y similares...
Noté que había alguien más, que no había participado en la conversación, era Takeshi, mi archirrivalenemigo. Nunca hemos congeniado demasiado bien, somos demasiado diferentes.
Takeshi es un año mayor, repitió cuando de pequeño estuvo ingresado en el hospital durante casi todo un curso. No siempre estaba con nosotros, por fortuna, aunque se juntaba con un grupo tan desagradable como él. Era alto, aunque no tanto como Kio, lo que le daba bastante rabia. El cabello de un llamativo rubio cobrizo le caía sobre la frente en un estudiado desorden, llevaba gafas de culo de vaso que agrandaban sus pequeños ojos negros que reflejaban su astucia innata. Un aparato de dientes le obligaba a no sonreír casi nunca, aunque en mi opinión aunque no lo llevara no sonreiría.
Takeshi estaba en nuestro grupo de trabajo porque era el compañero de uno de los botamons cuatrillizos, al igual que Kio, Sandro y yo misma.
Los botamons digievolucionaron a cuatro diferentes digimons, pero siguen siendo hermanos, y trabajar juntos aumenta su rendimiento; según decía Col.
Col, Hortensio Col, era el director, jefe supremo o como queramos denominarlo de la OPSD: Organización Pública de Seguridad Digimon. Su nombre había ocasionado que las personas le pusieran diversos motes, pero se andaban con cuidado de que se enterara ya que los pocos que habían sido sorprendidos llamándolo por algún nombre indecente habían acabado fregando baños públicos durante meses. Era un hombre temido y admirado, ambas reacciones se fusionaban y a veces no se sabía dónde empezaba una y acababa la otra.
La organización contaba con su propia escuela, para que los trabajadores que todavía tuvieran que estudiar pudiéramos acudir. También iba gente que no trabajaba en la OPSD, como era el caso de Seiun.
En la escuela se daban las materias típicas del resto de escuelas, pero con la diferencia de que si había alguna emergencia con algún digimon los trabajadores a cargo del mantenimiento de la paz de la ciudad podíamos dejar las clases y solucionar el problema. Siempre deseaba que sonara la alarma estando en clase, era superior a mis fuerzas escuchar los largos monólogos de los profesores que hacían que me durmiera.
Mi compañero también acudía a la escuela, pero los digimons tenían otras clases y solamente compartíamos algunas.
Aquella había sido la última hora de clase del día. Recogí apresuradamente todo, los demás ya lo habían hecho antes de despertarme, y salimos al patio exterior. Seguía lloviendo, recordé tristemente que me había dejado el paraguas. El cielo estaba cubierto por nubes grisáceas, para muchas personas eso le da un aspecto lamentable, pero yo adoro los días de lluvia, especialmente si no hay que acudir a clase y puedo disfrutar de ellos plenamente. No era una lluvia demasiado fuerte, pero estaba segura de que acabaría completamente empapada para cuando llegara a la parada del autobús.
- Espero que no llueva el día de Halloween. – suspiró Kio mirando el cielo como si pidiera una respuesta por su parte.
- Todavía faltan unos días – respondió Sandro sacando un paraguas, al que dirigí la mirada inmediatamente, antes de que saliera al patio desprotegido de techo.
- Pero ya se nota – se quejó Seiun tocando el pequeño cristal esférico que colgaba de su cuello y donde se arremolinaba una neblina blanca.
Todos tenemos un cristal, resultado del pacto de compañerismo entre digimon y humano. A través de él, nosotros, los humanos, pasamos energía a nuestro compañero digimon. Los digimons necesitan energía para vivir y digievolucionar, pero ellos solos son incapaces de conseguir la energía necesaria para algo más que sus funciones vitales más sencillas. Así que los humanos, que podemos absorber unas cantidades de energía impresionantes, les ayudamos pasándoles parte de la que conseguimos. Y eso lo hacemos a través de ese cristal. Es un proceso muy complejo y mucha gente inteligente lo estudia todavía.
Cada energía tiene la particularidad de presentar un color distinto, dependiendo de la personalidad del humano. La mía, por ejemplo es de color morado, según me dijeron en su momento significa que soy una persona muy intuitiva.
- Es verdad, Sorcerymon ya se ha transformado en Veemon.
Wizardmon también había regresado a su forma de Patamon. Esto es debido a que en Halloween se produce una variación de energía y ante este cambio los humanos sufrimos un leve bloqueo y desciende la cantidad de energía que somos capaces de absorber. Dicho bloqueo empieza unos cuatro días antes de Halloween y acaba tres días después.
-¿De qué os disfrazaréis? – preguntó Seiun con curiosidad, así además teníamos algo de que hablar mientras esperábamos a que aparecieran los digimons. También ella abrió su paraguas, transparente con estrellas blancas.
- Eso no se dice – sonrió Kio – es mejor que sea sorpresa.
- Yo me disfrazaré de Kouji – contesté con entusiasmo, mientras pensaba en lo adorable que era dicho personaje
- ¿Cómo te vas a disfrazar de Kouji en Halloween? – replicó Sandro burlonamente – Que tía
Lo miré ofendida, pero para mi asombro el resto le dio la razón.
- Hoshi estaría muy mona de Kouji – suspiró Seiun – Pero prefiero que no te vistas de chico
- Igual se enamora de ti si lo haces – dijo Takeshi interviniendo por primera vez en la conversación.
Me giré hacia él y le gruñí, pero antes de que pudiera hacer algo más aparecieron nuestros digimons.
- ¡Hoshi! Sentimos el retraso – se disculpó Patamon.
Patamon es un digimon pequeño para ser roockie, pero sumamente adorable. Tiene el cuerpo alargado, de color naranja por la parte de arriba y crema por debajo, acabado en una pequeña prominencia que hace de cola, era cuadrúpedo y sus patas son regordetas y acabadas en dedos negros. Sus grandes ojos azules brillan con fuerza iluminando su rostro. De la cabeza le salen dos enormes alas de aspecto similar a la de los murciélagos pero igualmente naranjas, las alas son casi tan grandes como el cuerpo.
Se posó en mi cabeza sin demasiada delicadeza.
El resto de digimons saludaron también. Takeshi cogió a su compañera Salamon en brazos, para que no se manchara con la lluvia.
Salamon es una digimon muy vivaracha, de aspecto canino. Su pelaje suave es de color crudo, y le recubre todo el cuerpo. La cabeza es muy grande en comparación del resto del cuerpo y de ella le cuelgan dos graciosas orejas. De ojos azules y mejillas sonrosadas. Alrededor del cuello lleva un gran collar dorado con runas inscritas en él. Su cola es como la de Patamon, apenas un pequeño bulto. Sus patas acaban en unas zarpas redondeadas similares a las de los peluches.
- El profesor nos ha castigado – informó la digimon con una vocecilla dulce y tranquila.
- Y todo porque Veemon se ha quedado dormido – se chivó el compañero de Sandro, un Tentomon.
Tentomon es un digimon insecto, con forma de mariquita. Tiene una cabeza ovalada, con grandes ojos saltones, unida a un cuerpo casi redondo cuando lleva las alas recogidas debajo de la coraza. Con tres pares de patas, unas de un tamaño pequeño pero muy útiles para agarrar cosas, otras que serían los brazos largas y acabadas en una única garra de color gris. El tercer par más cortas y gruesas hacen de piernas. El caparazón es rojo, pero la parte que no cubre es de color marrón. De la espalda le salen unos pinchos grises que sirven de defensa. Tiene dos antenas naranjas que mueve constantemente. En las extremidades lleva numerosas partes de color gris, que parecen cables.
Veemon, el compañero de Kio es un digimon muy gracioso. Es una mezcla entre un dinosaurio y algún animal. Es de color azul, aproximadamente de un metro de alto. Tiene una cabeza redondeada con un pequeño hocico prominente del que sale un pequeño cuerno, sus orejas son puntiagudas y largas ligeramente dobladas, como las puntas de los sombreros de bruja, también le salen unos picos en los laterales. Los ojos grandes y rojos, a su lado hay unas pequeñas marcas triangulares y en medio de la frente lleva una gran V, los tres dorados. Sus brazos son largos y acabados en unas grandes manos de uñas blancas, las piernas más cortas pero igualmente acabadas en garras blancas, su espalda esta recorrida de pequeños pinchos azules y acaba en una larga cola de forma similar a la de los dinosaurios. La tripa y el hocico son blancos.
- ¿Dónde está Tsukaimon? – preguntó Seiun al ver que su compañera no aparecía.
Le dijeron que enseguida llegaría que se había encontrado a un Gomamon amigo suyo de otra clase.
Tsukaimon es igual que patamon, pero de color morado, vientre blanco y ojos verdes. Ambos se llevan muy bien, por esa similitud, incluso cuando Patamon digievoluciona a Wizardmon.
- ¿Qué os parece si mañana vamos al cine? – propuso Kio, y también él sacó su paraguas de color verde.
- Genial – acepté yo inmediatamente. Hacía mucho que no iba al cine.
- Hay una peli de miedo que está muy bien según me han contado – dijo Sandro mirándome de reojo con una sonrisa irónica en los ojos.
Nunca me han gustado las películas de miedo, me dan miedo. Y él lo sabe y lo sabía ya en ese entonces perfectamente. Me negué rotundamente a ir a ver una película así, tampoco Seiun parecía muy dispuesta.
- Ver una peli de miedo en Halloween es un clásico – murmuró Kio – Yo voto por ir a ver “El cementerio de los Bakemons”
- Perfecto – dijo Takeshi mirándome también muy fijamente consciente de que no me gustaban esas pelis – Aunque si hay gente que no se atreve a verla podemos cambiar de película
Esas palabras de desafío iban dirigidas a Seiun y a mí.
- Habla por ti – le gruñí aceptando su reto.
Seiun se volvió hacia mí horrorizada, sin duda pensaba que yo sería su única posibilidad de cambiarles de idea. Sentí un pequeño vuelvo en el estómago al darme cuenta de que la había abandonado frente al peligro. No se atrevería a decir delante de todos que no, especialmente si por eso los demás se iban a quedar sin ver aquella proyección.
- ¡Seiun! – Tsukaimon apareció volando y se echó a sus brazos, haciendo que se olvidara durante un instante de su problema con el cine – Ya estoy aquí – sonrió con dulzura.
Takeshi abrió su paraguas, solo faltaba yo por salir de debajo de la cornisa donde nos protegíamos de la lluvia.
- Quedamos mañana en el cine a las cinco – dijo Takeshi alejándose lentamente.
Yo suspiré, ahora tocaba pedir a alguno de ellos que me acompañara a la parada con el paraguas. No me hacía nada de gracia. Patamon sabía que no llevaba paraguas y suspiró conmigo.
- Bueno yo me voy yendo ya – se despidió algo triste Seiun, ¿qué iba a hacer? ¿ir? ¿no ir?
Todos se despidieron de ella y de Tsukaimon. Vi como se iban reduciendo los candidatos para que me acompañaran a la parada.
- Mañana a las cinco – repitió Kio para sí mismo
Sandro lo observó con una sonrisa irónica en el borde de los labios
- Procura llegar pronto, porque al igual que te pasa en el colegio no te dejarán pasar. Y lo mismo va por ti
Su intensa mirada me atravesó como una flecha.
- No te preocupes hombres. Cuando quedamos para algo que me interesa no llego tarde
- Por eso mismo – refunfuñó él – Las películas de miedo no te interesan.
Patamon soltó una carcajada, había dado en el clavo. Me encogí de hombros moviendo la cabeza.
- Hasta mañana entonces – rió también Kio alejándose junto a Veemon.
Solo quedaba Sandro, y su paraguas. Se giró para irse, con un extraño brillo de ironía en los ojos.
- Esto... Sandro... – llamé sin mucho convencimiento, si bien era cierto que era mi amigo más antiguo era al que menos m gustaba pedirle las cosas después de Takeshi. No era nada personal, pero después de 14 años que llevábamos juntos pidiéndole cosas me daba miedo que algún día se hartara.
Él se volvió hacia mí, se estaba riendo en silencio.
- Mira que eres despistada – me acercó el paraguas para que pasara debajo. Con Tentomon apenas cabíamos, pero mejor eso que correr bajo la lluvia. – Patamon deberías controlarla más
- ¿Por? – preguntó el digimon sin pillar la ironía de su voz
- Pero si Patamon es igual que yo – exclamé haciéndome la ofendida.
- Gracias a Dios no hay nadie más como tú – se mofó Sandro
- Eso dices ahora... – le dijo Tentomon – Pero luego bien contento hablas de Kio y Hoshi.
La mirada fulminadora de Sandro hizo que su compañero se callara, una mueca de burla se reflejó en la cara del insecto.
- Venga, rápido que tengo cosas que hacer – apresuró Sandro
- Que bien que mañana tengamos fiesta – suspiró Patamon desde mi cabeza
Era cierto, para el día de Halloween nos daban una semana de vacaciones en la OPSD. Y no porque aquel día fuera importante, sino por la variación de energía. Por esa fecha los digimons no podían causar problemas porque no eran capaces de digievolucionar ni realizar grandes ataques.
- Y aún mejor que vayamos al cine – rió Sandro – Que ganas tengo de ver la película.
Yo hinché los mofletes en señal de fastidio, no compartía ese entusiasmo.
- ¡Hoshi! ¡Hola Hoshi! ¡Ey Hoshi! ¡Hoshi! ¡Hoshi!
- Hoshi te llama Tayson – informó Tentomon, como si no fuera suficientemente obvio.
Tayson se acercó corriendo desde la puerta. Iba acompañado de su digimon, que estaba en su etapa in-training, ya que Tayson tenía problemas con el control de la energía. Ambos chorreaban agua, no era la única sin paraguas.
Era un chico de dos cursos menos, pero que me admiraba mucho y siempre que podía se acercaba a hablar conmigo. Nos llevábamos bastante bien y habíamos hecho alguna misión en la OPSD juntos.
Era algo más alto que yo, y llevaba el pelo de color azul en un corto peinado. Sus ojos azules miraban con furia las nubes de vez en cuando.
- Odio los días de lluvia – les informó con un gruñido - ¡Hoshi! ¿¡Qué tal!?
- Bien, sin paraguas tampoco – me encogí de hombros - ¡Pero mañana es fiesta!
- Yo quiero volver a mi forma de Rydamon – lloró el Kyokyomon.
Kyokyomon era un digimon con un aspecto mezcla de larva y dragon. Era naranja con la parte inferior de un apagado marrón oscuro. Su cabeza era muy grande con unos ojos inteligentes ojos verdes rodeados por una gruesa línea negra y con una raya vertical en el centro. De su cabeza salían tres pares de escamas puntiagudas, uno de ellos con el borde morado y los otros dos con la punta roja. Cuatro pequeñas aletas le ayudaban a moverse.
- ¿Sigues con las clases particulares de energía? – le preguntó Sandro a Tayson, el chico asintió frenéticamente con la cabeza.
- ¿Os vais a disfrazar? – preguntó con curiosidad, intentando averiguar si el era ya demasiado mayor para disfrazarse en Halloween
- ¡Sí! – le contesté yo – Yo quiero disfrazarme de Kouji, pero no me dejan ¿a qué es injusto?
El rostro de Tayson se iluminó por una sonrisa burlona
- Me parece muy normal que no te dejen
- Nos queremos disfrazar, pero si Hoshi se empeña en avergonzarnos disfrazándose de ese tío la dejaremos encerrada en su casa.
- ¿Cómo que ese tío? – le grite a la vez que le lanzaba una mirada asesina, mis ojos celestes lanzaban chispas. No me gustaba que nadie hablara mal de Kouji
- ¡Si ni siquiera existe! – gruñó Sandro
- ¡Claro que existe! – repliqué yo – Hikaru Futago existe y es su actor
- ¡Pero no tendrá la misma personalidad! ¡Ni se va a fijar en ti!
Sentí como si me hubieran atravesado con una flecha, el estómago se hizo un nudo y mis ojos se abrieron mucho, dispuestos a fabricar lágrimas rápidamente.
Él supo que se había pasado, y se giró hacia Tayson que sufrió un escalofrío pensando que lo iba a pagar con él. Yo estaba quieta, sin reaccionar, notando mi corazón yendo a gran velocidad.
Patamon me dio un sueva aletazo, pero yo lo ignore
- Nos vamos, Tayson. Espero que pases unas buenas fiestas
- Pero... – dijo él con inseguridad – Hoshi...
Sandro le miró fijamente, y Tayson entendió que no tenía que meterse por medio.
- Adiós – dijo alejándose en una carrera, algo preocupado por su amiga.
Cuando al doblar una esquina quedó fuera de su vista, Sandro se volvió hacia mí, estaba dolida y con ganas de darle un bofetón.
- Te has pasado – le dijo Tentomon con una negación de cabeza. Hurgando en la herida.
Tenía mucho calor, y algo bullía dispuesto a explotar.
- Me voy – gruñí saliendo del paraguas en un rápido movimiento.
Inmediatamente sentí la lluvia mojándome. E igualmente sentí como Sandro me agarraba del brazo y tiraba de mí para volver a meterme en el paraguas.
- Suéltame – ordené levantando la cara para mirarle con mala leche.
- No quiero – dijo él firmemente.
- Suéltame - repetí
- No – volvió a decir él.
Nos miramos seriamente, aguantar la mirada sin reír es algo que nunca he podido hacer. Pero en aquella ocasión simplemente retiré la mirada y baje la vista al suelo. Me agarraba fuertemente del brazo y no me iba a dejar ir. A no ser que me dejara de agarrar, y que mejor forma para ello que morderle.
Pero no llegué a hacerlo. Sandro puede ser un chico serio, sarcástico, ofensivo y todo lo que queramos decirle; pero sabe reconocer cuando se pasa y pedir perdón. Y aquello fue lo que hizo.
- Lo siento, Hoshi – dijo con los ojos brillando – No quería ofenderte, eres tan agitada y alborotadora que parece que me envuelvan en una espiral de locura y no controlo lo que digo. Perdón.
Abrí los ojos y le sostuve la mirada, otra cosa que nunca he podido hacer es estar enfadada durante mucho tiempo con una persona, sobre todo si me pide perdón.
- Está bien, te perdono – le sonreí mientras elevaba el puño para que lo chocara, como hacíamos siempre que algo salía bien. – Mira ha dejado de llover
Las nubes ya habían descargado todas sus lágrimas y una vez desahogadas se iban.
- Parece que tanto el cielo como os habéis alegrado – murmuró Patamon dándome un abrazo. Que no era otra cosa que taparme la cabeza con sus alas.
- Vamos a la parada – dijo Sandro dándome un pequeño empujón.
- Pero si ya no llueve – protestó Tentomon
- Tentomon, no seas vago, te vendrá bien mover el cuerpo.
Los cuatro soltamos una carcajada y nos dirigimos hacia la parada. Al doblar la primera esquina vi que Tayson desde la acera de enfrente y apoyado en una parada de autobús me saludaba con la mano sonrientemente.
Sandro me acompañó a la parada, el autobús tardó un rato en llegar, pero no nos importó demasiado.
Cuando llegué me subí agitando la mano y estuve un buen rato despidiéndome por la ventanilla. Sandro apartaba la mirada y me miraba de reojo intentando pasar desapercibido.
Llegué a casa cansada, y Patamon también lo estaba.
- Ya estamos aquí – exclamé al entrar.
Mi hermano apareció desde el salón. Tenía 9 años y su compañero era un Babydmon que todavía no podía digievolucionar.
- Llegas tarde – me acusó – Estoy solo en casa con Babydmon y tú tenías que llegar pronto para...
Le hice callar con un gesto de brazo y subí las escaleras hacia mi cuarto.
- ¡Se lo voy a decir a mamá!
Pero me daba igual, lo último que necesitaba era escuchar al petardo de mi querido hermano.
Cuando llegó mi madre, mi hermano Jobune se lo contó, pero ella con una sonrisa irónica le contestó
- Que hijos que tengo...
Al día siguiente me desperté tarde, Patamon todavía estaba dormido así que procuré no molestarle mientras me levantaba.
Fui al baño y me vi reflejada en el espejo. Tenía la piel muy pálida, el alborotado cabello lila me caía sobre el rostro y los hombros. El pijama azul de flores rosas me quedaba holgado, y tenía algún botón de la parte de arriba desabrochado.
Bajé bostezando, buscando los sonidos que mi familia deberían estar haciendo.
Al entrar en la cocina vi una nota de mi madre. La cogí y leí rápidamente lo que decía. Nada importante, solo me recordaba que se iban al pueblo con mi abuela a pasar las vacaciones. Y ese era el motivo por el que no estuvieran haciendo ruido alguno, porque no estaban.
Miré con tristeza la cocina, una cosa era que se fueran al pueblo y otra que yo tuviera que cocinar... No sabía ni como me dejaban así, la última vez que había cocinado yo habíamos acabado todos con diarreas.
Me preparé el desayuno, y fui al salón para ver en la tele mi DVD de Digimon Frontier.
Todas las mañanas lo hacía.
En cuanto vi a Kouji me quedé embobada, con una tostada en la mano y la boca abierta durante cinco minutos, cuando llegó Patamon volando medio dormido y se empezó a reír de mí. No era algo muy amable por su parte.
El se preparó su desayuno y se vino conmigo. Él prefería ver Digimon Adventures o Digimon Zero Two, pero siempre se conformaba con ver Digimon Frontier, o mejor dicho los capítulos de Digimon Frontier en los que salía Kouji.
Sonó el teléfono. Patamon se acercó a cogerlo sin demasiada rapidez.
- ¿Sí pata? – escuchó durante unos segundos – Espera que te la paso – se giró hacia mí – Es Seiun.
Le quité el teléfono a Patamon y éste se tumbó en el sofá.
- ¿Hoshi?
- ¡Mande!
- ¿Qué tal?
- Bien, ¿y tú?
- Aquí tirando. ¿Qué cuentas?
- Pareces una vieja, Hoshi. – escuché su risa y yo sonreí - ¿Por qué no nos vamos a comer por ahí las dos?
- ¿Y Patamon y Tsukaimon?
- También claro.
- Te quiero – le dije con lágrimas de agradecimiento, así tenía la excusa perfecta para no cocinar aquel día
- Entonces...
- Por supuesto, ¿cuándo, dónde?
- ¿Quedamos a las 2 en la Burguermonería?
- Perfecto. Hasta luego.
- Adiós Hoshi.
- ¡Bwajaja!
- Adiós
Colgué el teléfono y di una vuelta sobre mí misma con alegría.
- ¡No tengo que cocinar! – grité mientras cogía a Patamon por las patas y comenzaba a dar más vueltas.
A consecuencia de eso los dos acabamos mareados en el suelo.
Me duché y lavé la cabeza para ir bien limpia. También bañé a Patamon aunque él no quisiera.
Tenía que elegir la ropa para ponerme. Abrí el armario y pasé una rápida mirada.
Me puse una camiseta negra de cuello de pico y mangas con puños morados, una falda morada con pliegues y cadenas, unas botas altas negras con dos alitas en cada lado de adorno. Busqué el bolso morado con la estrella negra que tanto me gustaba, lo encontré debajo de un montón de libros que había desperdigados por la mesa escritorio. Metí allí el monedero, pañuelos, el móvil, la tarjeta de autobús, un kunai, el digivice de Kouji, un espejo y alguna cosa más de gran utilidad como un cepillo de dientes, una cuchara y una pinza de pelo.
Patamon me observaba en silencio. Cuando acabé me miró con sarcasmo.
Me tendió un pequeño colgante de una cruz de amatista.
- ¿Dónde estaba? – pregunté al verla, llevaba varios días buscándola y no había aparecido.
- En el cajón de los pijamas – respondió el digimon volando hasta mi cabeza. - ¿Nos vamos?
Asentí con energía y di un salto.
Salimos rápidamente de la casa, me daba la sensación de dejarme algo.
Justo cuando cerré la puerta con un portazo me di cuenta de lo que me faltaba.
- ¡Las llaves!
- ¿Te has dejado las llaves? – me reprendió Patamon desde lo alto de mi cabeza
- ¿Puedes probar a entrar?
- Pero vamos tarde
- Ay – me lamenté – Bueno ya nos las apañaremos cuando volvamos
Para ir al cine tenía que coger el autobús, pero de una línea diferente. Pasaba cada menos tiempos porque iba al centro, y por tanto tenía más demanda.
Llegamos justo a tiempo. Seiun y Tsukaimon nos esperaban ilusionadas.
Seiun llevaba un vestido de color celeste muy bonito, con la falda con mucha caída y volantes blancos. Los calcetines blancos le llegaban a la rodilla y estaban acabados en una puntilla de flores. Los zapatos eran como los que llevábamos para el colegio pero en celeste. Me fijé que no se había recogido el pelo.
- Hola Hoshi – me saludó dándome un fuerte abrazo – Hola Patamon.
Entramos enseguida, los cuatro teníamos hambre. La Burguermonería estaba dirigida por una familia de Burguermons.
Nos atendieron amablemente, una Burguermon todavía novata pero muy atenta.
Cuando nos dieron las hamburguesas nos sentamos en una mesa de la planta de arriba que daba a la calle. Veíamos como pasaban las personas, digimons y vehículos desde el cristal.
- ¡Comida! – suspiró Patamon – Espero que todos los días podamos comer así
- ¿Por qué? – preguntó Tsukaimon con curiosidad.
- Es que Hoshi y yo estamos solos en casa durante estas vaciones. Y encima la muy tonta se ha dejado las llaves en casa.
Mis mejillas se encendieron por la vergüenza, Seiun se rió.
- Típico de Hoshi. ¿Qué te parece si te vienes a dormir está noche a mi casa?
La miré con ojos iluminados, aunque me parecía abusar de su generosidad.
- Nosotras también estamos solas en casa – dijo Tsukaimon – Así no nos sentiremos tan abandonadas.
- Gracias, iremos encantados – aceptó Patamon rápidamente.
Las dos anfitrionas sonrieron felizmente.
- Menos mal, me daba mucho miedo tener que estar solas en casa después de la película.
- Y a mí
Yo me encogí de hombros, pensando que después de la película posiblemente estaría yo más asustada que ella.
Charlamos durante la comida animadamente. Seiun me dijo que quería contarme una idea que se le había ocurrido para disfrazarnos.
- He pensado que me gustaría que nos disfrazáramos de algo juntas
- Genial, yo de Kouji y tú de Kouichi. – su rostro enrojeció al oír aquel nombre
- No era esa mi idea – murmuró bajando la mirada turbada
- ¿Por qué no? – dije dando un bocado a mi hamburguesa
- Es que en Halloween la gente se disfraza de digimons...
- Pues yo de Lobomon y tú de Lowemon
- Me gustaría ir de algún digimon de aspecto más tierno – dijo en voz baja
- ¿De cual? – pregunté pensando que no había nada más tierno que Lobomon.
- Pues me gustaría ir de Gatomon y que tú fueras de BlackGatomon
La miré durante unos instantes, me parecía una buena idea. Mi sonrisa la alivió.
- ¿Te parece bien?
- Claro – afirmé, me parecía una buena idea.
- ¡Que suerte! Menos mal porque ya tengo los disfraces hechos
- ¿Eh? – gritó Patamon - ¿Y si hubiera dicho que no?
- Pero ha dicho que sí – respondió Tsukaimon – Me ha costado mucho hacerlos así que más os vale que los aprovechéis.
- ¿Los has hecho tú, Tsukaimon? – nos sorprendimos Patamon y yo
- La madre de Seiun me ha ayudado mucho
Las dos parecían muy contentas, y yo me alegré por ellas.
Pasamos lo que quedaba de rato hablando de diferentes cosas. Yo le contaba mis aventuras en la OPSD a las dos escuchantes, con la ayuda de Patamon. A Tsukaimon le hacía ilusión entrar, pero Seiun no quería. No le gustaba luchar. Quería ser pintora. También le gustaba diseñar trajes, y como a Tsukaimon le gustaba coser hacían un buen equipo.
Cinco minutos antes de las cinco salimos de allí.
En el cine ya estaba Sandro que miraba distraído el cielo, en el que aparecían de vez en cuando nubes grises entre las blancas. Llevaba un vaquero ancho azul y una camiseta roja y negra. Tentomon a su lado leía los carteles de las películas.
- Hola Sandro – saludó Seiun.
- Hola chicas y digimons – saludó él.
Takeshi no tardó en llegar, y tampoco Kio. Lo cual nos sorprendió a todos.
- No me puedo creer que ni Hoshi ni Kio hayan llegado tarde – señaló Tentomon entre risas.
Sacamos las entradas para la película. Mientras esperábamos que fuera la hora compramos palomitas, bebidas y otras golosinas para la proyección.
Entramos charlando en voz alta, la sala todavía estaba vacía y nos sentamos en la fila que nos indicaba en las entradas. En cuando pasamos a la sala, Seiun y yo notamos que se nos hacía un nudo en la garganta.
Ella me cogió de la mano. Su piel era muy suave.
- Siéntate a mí lado, por favor – me pidió
Así lo hice, a mi derecha la tenía a ella, a mi izquierda a Sandro. Los digimons se sentaban sobre nuestros regazos, el único que tenía una butaca aparte era Tentomon.
- Claro yo aquí marginado – gruñó desde un extremo, a la izquierda de Sandro.
Seiun me agarró del brazo, el corazón nos iba a gran velocidad a las dos.
El cine quedó a oscuras y la pantalla se iluminó.
- Ay – suspiró Seiun
- Ahora vienen los anuncios – dije estúpidamente.
Pero como dije pasaron los anuncios y previsualizaciones de las siguientes películas. Entre ellas me gustó de la de Wizzy Montter. Que trataba sobre un Wizarmon.
- Esa tenemos que ir a verla – pidió Patamon removiéndose.
Tanto Seiun como yo hubiéramos alargado aquellos anuncios, por muy aburridos que fueran, durante las dos horas y media que duraba la película. Pero no era posible.
Las letras ensangrentadas del título aparecieron en la pantalla. “El cementerio de los Bakemons”
La música de terror comenzó inmediatamente, una música aguda y que bajaba y subía a gran velocidad, creando una sensación vertiginosa.
En la pantalla se veía un paisaje cubierto de niebla, la cámara se iba acercando poco a poco y se movía entre los que parecían unos tumbas. La cámara hizo un giro y enfocó un rostro putefracto.
- ¡AH! – gritamos a la vez Seiun, Tsukaimon y yo. Sandro me dio un codazo.
Mantuvimos la mirada apartada de la película durante unos instantes, pero la música nos invitaba a mirar.
Una sombra encapuchada miraba desde una colina el paraje cubierto de niebla que se abría ante ella. Estaba al lado de un árbol de tronco seco y carcomido. La cámara se alejó de ella, y se volvió más tensa. Sentí como Seiun se agarraba con más fuerza a mi brazo.
Algo se movió entre la niebla y la sombra lo percibió. Con un rápido movimiento dio un salto, justo a tiempo para evitar que un brillo de garras rojizas lo partiera por la mitad. Su cara apareció en la pantalla, y yo sentí como mi corazón daba un gran salto y empezaba a latir a gran velocidad. Sin duda sería la mejor película de miedo que vería nunca.
Dos horas y media después salimos, Seiun y yo íbamos abrazadas y temblábamos ligeramente.
Sandro, Kio y Takeshi parecían satisfechos con la película. Patamon y Veemon se habían dormido.
- Que suerte has tenido Hoshi – me dijo Kio posando su mano sobre mi hombro y haciendo que diera un salto asustada.
- Sí... – dije con las pupilas dilatadas por el pánico.
Había anochecido, y las farolas comenzaban a iluminar la calle.
- ¿Cómo quedamos para pasado mañana? – preguntó Sandro
- ¿A las 8 en dónde sea o qué? – sugirió Patamon
- ¿En el colegio? – propuso Takeshi.
Todos estuvimos de acuerdo, así que nos separamos para ir cada uno a nuestra casa.
Agradecí poder ir con Seiun, con Tsukaimon y con Patamon. Patamon no estaba asustado, pero nosotras tres estábamos aterrorizadas.
La película había sido sangrienta, violenta y aterrorizante; pero el reparto de actores había sido magistral. Especialmente ellos dos, aunque era mejor él.
La casa de mi amiga no estaba muy lejos, y llegamos enseguida cogidas de la mano y caminando muy rápido. Mirando constantemente hacia atrás. Ambas teníamos la sensación de que nos seguían.
Seiun sacó las llaves y abrió la puerta de un pequeño edificio. Su casa estaba en la quinta planta, la última.
Era un piso no muy grande pero con una preciosa terraza. Allí vivían Seiun y sus padres y digimons.
La habitación de la adolescente era la más grande y luminosa, había estado muchas veces en ella y siempre me sorprendía lo ordenado que lo tenía todo. Era un cuarto muy acogedor y limpio. Su cama era doble, y estaba pegada a la pared por el cabecero en el centro de la habitación.
- Creo que podemos dormir las dos aquí – dijo Seiun señalando su cama. Yo asentí.
- ¿Nos vamos a ir ya a dormir? – protestó Patamon – Yo no tengo sueño
- Claro como te has dormido durante la película.
- Es que era muy aburrida, tanta sangre por todos lados. Y encima ahí el pesado ese, como si no tuviera suficiente con verlo cada vez que se pone la televisión de casa de Hoshi
- ¿A quien te refieres con pesado? – pregunté con una mirada diabólica, y sabiendo perfectamente a quien se refería
Patamon me evaluó antes de contestar
- No te envalentones que mira que os dejo solas y me voy.
- ¡No! – gritó Seiun agarrando a Patamon y oprimiéndole con fuerza contra su cuerpo para evitar cualquier posible movimiento. Patamon comenzó a ponerse rojo a causa de la asfixia, no podía respirar.
- Cuida, Seiun. Que lo estas ahogando. – salvé a Patamon de su fuerte abrazo. El digimon se alejó revoloteando de ella.
- Te voy a buscar un pijama – ofreció la chica dirigiéndose hacia el armario.
Suspiré, estaba segura que los pijamas de Seiun serían muy de su estilo, y no me equivocaba.
Sacó varios modelos, mientras yo los miraba intentando que en mi cara no se reflejara lo que realmente pensaba.
- Sé que parecen incómodos – me dijo observándome, y dando en el clavo – Pero no te preocupes que no lo son. Lo siento pero no tengo ninguno sin volantes o lazos – concluyó acertando otra vez.
Suspiré, resignada, y cogí uno de color blanco de dos piezas, con lazos azules al borde de las mangas y perneras. La camiseta tenia cuello redondo con botones azules y numerosas pinzas por el torso.
Me sentía un poco ridícula con aquella ropa, pero ya que solo era para dormir no importaba demasiado.
- ¡Qué mona! – exclamó en cuanto me vio con aquel pijama – Siempre he querido verte con ropa de esta – le brillaban los ojos y su sonrisa iluminaba su rostro.
- Fthsd – respondí yo entornando los ojos, notaba calor en las mejillas a causa de la vergüenza de ir así vestida.
- ¿Jugamos a las cartas? – preguntó Patamon haciendo un gran esfuerzo por no reírse de mí.
- ¡Sí! – aplaudió Tsukaimon con alegría.
- Y contemos historias de miedo – continuó mi compañero
No había acabado de decir la frase cuando le lanzamos un montón de improperios y una almohada que lo derribó de mi cabeza. Ya habíamos tenido suficiente sesión de miedo por aquel día y muchos más.
- ¿Y si se fuera la luz que ibais a hacer?
- Gritar – respondimos a la vez las tres.
Tsukaimon cogió un mazo de cartas y nos sentamos en la cama de Seiun, una colcha de un rosa pálido con lunas blancas y lilas.
Yo estaba frente a Seiun, y que me quedaba detrás la puerta de la terraza, cuyas cortinas estaban sin correr y que eran de color melocotón con rayas de tonos más claros o más oscuros. Se veían las luces de los otros edificios.
Estuvimos jugando un buen rato, hasta que empezamos a bostezar ruidosamente.
Miré el reloj de la mesilla de Seiun, marcaba las 11: 45
Ella bostezó ruidosamente y se levantó para desperezarse.
- Creo que será mejor que nos vayamos a dormir ya – dijo frotándose los ojos
Los demás asentimos y ella se dirigió hacia la puerta de cristal de la terraza para correr las cortinas.
Iba medio dormida mirando el suelo cubierto por una alfombra suave de color hueso. Al levantar los ojos hacia el exterior otro par le sostuvieron la mirada desde el otro lado. Notó como se le congelaba la sangre y se quedaba helada sin saber como reaccionar.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡AH!!!!!!!!!! – chilló encogiéndose sobre ella misma en un acto inconsciente.
Los tres nos giramos hacia ella y vimos como al otro lado de la ventana había un movimiento.
Yo me quedé sin saber qué hacer, el corazón me latía a gran velocidad desde que había escuchado el grito de mi amiga, similar a los que daba en la película. Me giré hacia ella pero no supe qué mas hacer.
Patamon reaccionó más rápidamente y se abalanzó hacia la puerta, la abrió sin dificultad y salió al exterior perdiéndose en la oscuridad.
Nos quedamos solas nosotras tres. Tsukaimon cerró la puerta tras Patamon. Y se acercó a su compañera para reconfortarla.
- ¿Qué ha pasado? – le preguntó con ternura
- Había alguien ahí – lloriqueó ella.
Me acerqué, con la tentación de correr las cortinas, pero no podía hacerlo, o no vería a Patamon.
Pasé mi brazo alrededor de Seiun y ella se abrazó a mí, asustada y temblando. Sus ojos llenos de lágrimas no se atrevían a mirar hacia la ventana.
Durante unos angustiosos y silenciosos minutos esperamos el regreso de Patamon, cuando por fin llegó parecía decepcionado.
- No he encontrado nada – informó con un aleteó – No sería algún digimon atraído por la luz?
Seiun se enjuagó las lágrimas.
- Estoy segura de que era una persona. Era demasiado grande para ser un digimon rookie.
- Hay digimons que siguen manteniendo su nivel campeón aún en Halloween – dijo Tsukaimon, era cierto, los digimons que habían hecho pactos con muchas personas podían mantenerse a un nivel mayor. Aunque era muy extraño un caso de esos.
Ayudé a Seiun a levantarse del suelo.
- Mejor acostémonos ya – dije llevándola a la cama.
- ¿Podemos dejar alguna luz encendida? – preguntó ella metiéndose en la cama y con cara de cordero degollado.
Nos encogimos de hombros.
- Podemos dejar la del pasillo – contesté rascándome la cabeza – Voy al baño...
- ¿Tú sola? – me preguntó Seiun abriendo mucho los ojos y poniéndose pálida.
Solté una carcajada, aunque no me sintiera muy alegre. No me hacía mucha gracia.
- El baño está aquí al lado.
- ¿Y si aparece alguien desde una habitación a oscuras?
Maldije internamente a Seiun por aquello, lo que menos necesitaba es que me metiera más miedo en el cuerpo.
Salí del cuarto y encendí la luz del pasillo. Nunca me había dado cuenta de lo largo que se puede hacer un pasillo después de ver una película de miedo. La realidad se distorsionaba y el pasillo parecía alargarse hasta el infinito, cualquier rincón en sombras era un posible escondite para la figura que había visto Seiun. El corazón me latía con fuerza mientras las caras de la gente de las fotografías colgadas en las paredes me observaban en silencio desde aquel momento congelado en el tiempo.
Se puede recibir que a mi vuelta a la habitación fui recibida como una heroína.
Solo Patamon no participó en el jolgorio. Observaba medio dormido desde la almohada.
Nos metimos en la cama, las sábanas eran suaves y el edredón muy cálido y reconfortable.
Seiun me cogió la mano, estaba temblando.
- No va a aparecer ningún monstruo de esos de la peli, ¿verdad?
- No – gruñó Patamon con impaciencia. Se había acurrucado junto a mi cabeza y al parecer quería dormir.
Yo concilié el sueño enseguida, reconfortada por la compañía de Seiun y de los dos digimons.
Seiun en cambio tardó más en dormirse, el miedo y la angustia se lo impedía. Pero finalmente también ella cayó en un profundo sueño.
La luz que apenas atravesaba las cortinas de la habitación iluminaba el rostro de Patamon. Molestándole claramente. El digimon comenzó a retorcerse y abrió los ojos, incapaz de seguir el mundo de los sueños.
Se estiró con cuidado de no molestarnos a ninguna de las que seguíamos en aquel maravilloso mundo y bostezó. Al ver que la luz del pasillo estaba encendida se acercó cabeceando para apagarla. No sabía que hacer, miró el reloj. Las 8:23. Una bonita hora para despertar personas y digimons.
Yo que estaba soñando con un gran campo de flores en el que saltaba felizmente me vi sorprendida por el peso de un cuerpo sobre mi estómago, vi como era arrancada de aquel idílico paisaje y volvía a la realidad.
- ¡Ay! – grité asustada por el sobresalto.
Mi grito despertó a Seiun que abrió los ojos rápidamente pensando que había pasado algo. Al ver que todo estaba normal suspiró.
- Buenos días, Hoshi. Buenos días Tsukaimon. Buenos días Patamon.
Me acerqué a correr las cortinas para que entrara más luz. A lo lejos me pareció ver un sombra y sentí un escalofrío.
- ¿Quieres quedarte esta noche también a dormir? – pidió Seiun haciendo la cama.
- ¿Por qué no te vienes tú a la mía? – le ofrecí yo, para no abusar de su amabilidad.
Se encogió de hombros.
- Ya que estamos aquí – me pareció ver un brillo extraño en sus ojos – Además te dejaste la llave en tu casa. Y no creo que quieras romper una ventana o meter a Patamon por la chimenea
- Como Papa Noel – respondí estupidamente
- ¡No! ¡No pienso meterme por la chimenea!
- Así que no puedes entrar en tu casa – rió Tsukaimon
- Pero necesito coger ropa limpia – lloriqueé
- ¡No importa! – exclamó muy alegremente Seiun, en ese momento me di cuenta de sus intenciones – ¡Yo te dejo de la mía!
- Pero tú eres más alta – negué. ¿Vestidos blancos con puntillas, lazos y volantes? Que horror.
- Pero para las faldas no importa – si que importa, pensé yo. – ¿Quedamos esta tarde con Kio, Sandro y Takeshi?
- Que manía con decirle a Takeshi que se venga – gruñí inflando los mofletes.
- Pareces un Jigglipuff cuando haces eso. – se mofó Tsukaimon riendo.
- Hoshi, Takeshi es nuestro amigo es normal que se lo digamos
- Es vuestro amigo, a mí me cae mal – gruñí un poco irrazonablemente
- Y tú a él – concluyó Patamon. – Ahora si no os importa, ¿podemos desayunar?
- Claro, Tsukaimon ¿lo puedes preparar? Yo mientras llamaré a la gente para ver si quieren quedar.
- Si pillas a Kio despierto a estas horas será o un milagro o que el mundo se está acabando – reí yo.
Seiun me sonrió y salió del cuarto, a la luz del día la casa era mucho más acogedora. Oí como llegaba al salón, se sentaba en una silla y marcaba los números en el teléfono.
- Buenos días, soy Seiun, ¿podría hablar con Sandro, por favor?
Me rasqué la espalda, era tan educada... Seiun estuvo unos minutos hablando con Sandro, decidiendo donde quedar y quejándose de algún comentario que debía haberle dicho el chico. Finalmente colgó con una sonrisa en los labios.
- Sandro puede venir, y dice que avisará él a Kio
- ¿Dónde hemos quedado? – pregunté con curiosidad.
- Sandro dice que hay una exposición de Pintura Realista Digimon que quiere ir a ver, está en el Museo Digimon. – pintura... que interesante, pensé sin demasiada ilusión. Me gustaba pintar, pero solo cosas al estilo manga, a Seiun en cambio le gustaban todos los tipos de pintura – Voy a llamar a Takeshi.
De nuevo marcó un número.
- Buenos días, soy Seiun, ¿puedo hablar con Takeshi, por favor? – una breve pausa – Buenos días, Takeshi, soy Seiun. Hemos quedado esta tarde para ir a ver una exposición de pintura... Sí. No. Oh vaya, bueno pues no pasa nada. Mañana vendrás,¿ no? Sí. Pues mañana nos vemos. Adiós, que tengas un buen día. – se giró hacia mí – Tienes suerte, no puede venir – hice un gesto de victoria y di un pequeño salto. – No deberías ser tan malvada – me dijo, aunque las dos sabíamos que en broma.
Tsukaimon es una digimon genial, sabía cocinar desde que digievolucinó al nivel rookie, planchaba, lavaba los platos cuando aún no tenían lavavajillas, cosía... Una digimon que cualquiera quisiera tener en su casa.
Gracias a ella aquel día pudimos comer decentemente. Nos hizo pasta con salsa de puerros, al principio miré la comida con un poco de reserva, pero estaba muy rico. De segundo hizo unos filetes de carne a la plancha. De postre tomamos unas natillas caseras que habíamos hecho Seiun y yo.
- ¿Ya se os ha pasado el miedo de la peli? – preguntó Patamon de repente con una mirada maléfica.
Las tres le respondimos con gritos.
- Hoshi, deberíamos ir vistiéndonos – me avisó Seiun mientras veía un capítulo de Digimon Frontier al que ella también era adicta. Le encantaba el personaje de Kouichi tanto como a mí el de Kouji.
Me levanté sin apartar la vista del televisor. Asentí babeando, olvidando que tenía que ponerme ropa de mi amiga.
- ¿Qué quieres ponerte? – me preguntó con el rostro iluminado abriendo el armario para que viera todo lo que tenía.
Me encogí de hombros, sabía que sería ella la que me acabaría vistiendo. Ella también lo sabía así que inmediatamente me sacó la ropa que había elegido hacía mucho. Por un momento me pregunté que si el hecho de que me hubiera dejado las llaves en casa también hubiera sido planeado por ella.
Me sacó un vestido lila y blanco. Tenía una primera capa lila y una segunda blanca.
Tenía el cuello cuadrado con frunces. Las mangas abultadas por los hombros acababan en un puño del que salía una tela fruncida que llegaba a mitad de la mano, ambos blancos. A mitad del brazo había una cinta con un lazo del mismo color que el puño. Era un vestido ajustado por la parte de arriba, sobre el que parecía que había un corsé blanco de cordones lilas. La falda era muy redondeada, y sobre ella había caían dos telas blancas acabadas en fruncidos, igual que la falda. En la parte de atrás llevaba un gran lazo blanco. Me dejó unas medias blancas de rejilla y unos zapatos como los que llevaba ella el día anterior lilas. Cuando me vi con aquella ropa sentí un ataque de vergüenza.
- ¡Qué adorable! – exclamó alegremente ella dándome un abrazo.
Ella llevaba una camisa con chorreras de color melocotón y una falda vaquera recta. Con unas botas altas y de puntas puntiagudas del estilo de las del oeste.
- Me da mucha vergüenza ir así – me sinceré con el rostro enrojecido.
- Normal – Patamon había entrado y se reía sin muchos miramientos de mí. – Estás para hacerte una foto
- Pues sí – defendió Tsukaimon – Pero porque está muy guapa.
Suspiré, por muy guapa que fuera para los 17 años y un día antes de Halloween me parecía una ropa muy inapropiada.
Salimos tranquilamente, casi se me había olvidado lo que era ir con tiempo a algún lugar.
El Museo Digimon estaba a una media hora de casa de Seiun, era un edificio con apariencia de un templo griego.
Sandro ya estaba en la puerta, con sus característicos vaqueros y una camiseta de color negro. Tentomon a su lado miraba a la gente que pasaba.
- Hola Sandro, hola Tentomon – saludó Seiun
- Bwajaja – saludé yo recordando mi vieja forma bleachiana de saludar.
Sandro nos saludó con la cabeza.
- Me encanta que Hoshi aparezca con vosotras, y encima con esas pintas. Espero que se le pegue la puntualidad.
- ¡Oye!, qué la culpa de que llegue siempre tarde es el autobús. – Sandro arqueó una ceja, desde luego aquel argumento no se lo iba a creer – Y encima que le pasa a mis pintas, ¿eh?
- Ahora falta el otro señor tardón – suspiró él.
Kio se hizo esperar, no llegó hasta que pasaron veinte minutos de la hora acordada. Apareció junto a Veemon, ambos sofocados.
- Lo sentimos – se excusó el digimon apoyándose en las rodillas y cogiendo aire a bocanadas.
- Nos quedamos dormidos – explicó Kio.
Todos suspiramos ruidosamente.
La tarde pasó rápidamente, entre risas, pullas y bromas. El museo, a pesar de la idea que me había hecho me gusto, había cuadros preciosos que atraían con la magia de sus luces y colores.
Salimos muy contentos, especialmente Seiun que había disfrutado de aquella exposición como una niña pequeña con un caramelo.
- Que bonito que era todo – sonrió ella al salir
Todos asentimos con la cabeza.
- El chico de detrás nuestro te miraba mucho, Hoshi – me dijo Kio con un brillo extraño en los ojos por segunda vez.
- Con esa ropa es normal que la mirara – se burló Sandro por enésima vez aquella tarde.
- Está muy guapa – me defendió Seiun
Patamon se echó a reír, golpeándome en la cabeza con una pata. Me hice la ofendida, aunque lamentablemente yo estaba de acuerdo con ellos.
Durante la visita al museo había sentido una extraña sensación, mi corazón se aceleraba de vez en cuando, y empezaba a sentir cosquillas en el estómago. Reconocía aquella sensación de cuando veía a Kouji en la tele, pero no había nada allí que pudiera relacionar con él. Además notaba que alguien me observaba. Aunque cuando Kio me dijo que había un chico detrás que me miraba constantemente me tranquilicé, pero sin atreverme a volver la cabeza.
Fuimos a cenar a un Digipizza.
- Que bien nos lo vamos a pasar mañana – exclamó felizmente Veemon cogiendo un trozo de pizza.
- Tengo unas ganas de disfrazarme tremendas – confesó Kio con una sonrisa en los ojos.
Yo estuve de acuerdo con él. Había visto el disfraz que me había hecho Tsukaimon, y aunque me había dado un poco de apuro por los problemas que había ocasionado sin saberlo, me sentí con muchas ganar de vestirme con él.
- ¿De qué os vais a disfrazar? – preguntó Seiun, sabía que al igual que dos días antes no iban a responder; pero nunca se podía estar seguro.
- Yo quiero disfrazarme de zombie – dijo Veemon con ojos brillantes dirigidos al techo.
- ¡Veemon! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no se dice para que sea sorpresa? – reprendió Kio
- ¡Jo! Es que tengo tantas ganas de disfrazarme
Kio negó con la cabeza, posiblemente pensando en lo mucho que cambiaba su compañero cuando digievolucionaba a Sorcerymon.
Todos soltamos una carcajada.
- ¿Takeshi va a venir con nosotros? – pregunté toscamente al cabo del rato.
- Claro – respondieron Sandro y Tentomon al unísono.
- No me imagino a Takeshi disfrazado con sus 18 años – dijo Patamon rascándose la cabeza.
Yo estaba de acuerdo con él, y el resto admitió que también lo estaba
- A decir verdad, ni siquiera me veo disfrazado a mí mismo – murmuró Sandro guiñándonos un ojo.
A pizza fue quedándose sin trozos hasta que no quedó nada. Habíamos acabado con cuatro pizzas familiares nosotros solos.
Salimos a la calle, había anochecido y hacía frío. Seiun se agarró a mi brazo y me susurró en el oído que mirara hacia la izquierda sin que se notara mucho. Hice lo que me pedía y me pareció ver una sombra oculta en un portal.
- ¿Crees que alguien nos sigue? – me preguntó asustada
- No seas tonta – reí, aunque solamente para tranquilizarla, la verdad es que me inquietaba bastante – Seguro que es alguien que espera a otro alguien. Solo que después de ayer estás algo paranoica
Me escrutó con sus grandes ojos granates y asintió.
- Bueno peña – exclamó Kio haciendo que diéramos un salto. – Nos vamos a casa, hasta mañana.
Nos despedimos de él. Sandro entornó los ojos y nos dijo en voz baja:
- Os acompaño a casa, me pilla de camino. – le miré, aquello no lo había hecho nunca, ¿acaso también él habría notado que alguien nos seguía? No les habíamos contado lo de aquella noche, pero algo debía imaginarse.
Fuimos conversando en voz alta, tal vez para espantar las ideas que se arremolinaban como niebla en nuestros cerebros sobre aquella sombra.
Al llegar, Sandro me dijo que quería hablar conmigo. Seiun entró al portal junto a los tres digimons y esperó sentada en las escaleras frente al ascensor.
- Escucha, Hoshi – me dijo en un susurró que apenas fui capaz de oír. – Estoy seguro de que alguien os está siguiendo a Seiun y a ti.
- Puede que vayan a por Patamon o Tsukaimon – respondí nada convencida
- Ten cuidado, Hoshi. Estate atenta
- ¿Y por qué me lo dices solo a mí?
- Si se lo decimos a Seiun se asustará demasiado, díselo a los digimons de todas formas.
Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios, si él supiera lo que había pasado por la noche...
Entró al portal para despedirse de Seiun y llamar a Tentomon. Se alejó moviendo la mano.
Hoshi Minamoto
31-10-2008, 02:06:36
Aquella noche transcurrió sin ningún accidente, aunque justo es decir que corrimos bajamos todas las persianas y corrimos todas las cortinas.
El día siguiente amaneció con nubes, blancas y algodonosas que recubrían el cielo igual que un niño llena un folio con algodones para clase de manualidades.
- Espero que no llueva – dijo Tsukaimon asomándose a la ventana con el rostro ensombrecido por la incertidumbre.
- Pues si llueve con paraguas – respondió Patamon acercándose a ella.
Tsukaimon le miró con los ojos entornados.
Durante la mañana y la tarde, sin embargo, no llovió, y al anochecer el cielo se había despejado en gran medida, apenas alguna nube solitaria quedaba incrustada en el cielo índigo plagado de pequeños puntos blancos.
- ¡Hoshi! – exclamó de repente Seiun asustándome. - ¡Vamos a disfrzarnos, corre!
Sonreí, aunque no me hacía gracia que me interrumpiera a mitad del capítulo en el que Kouji conseguía el espíritu digital de KendoGarurumon, que en dos días apenas había visto cuatro veces.
Patamon me miró de soslayo, aburrido de ver una y otra vez los capítulos de Frontier, él quería que pusiera cuando Patamon digievolucionaba a Angemon o a MagnaAngemon... pero tanto Seiun como yo preferíamos Frontier, turnándonos para ver un capitulo protagonizado por Kouji, otro por Kouichi, y uno por los dos, y de nuevo le tocaba a Kouji. Tsukaimon se había entretenido terminando los trajes para Patamon y para ella. Había pensado que sería gracioso que se disfrazaran de nosotras, pero como a mi compañero la idea no le apasionaba se habían acabado disfrazando de Kouji y Kouichi. Aquello aún hizo menos gracia a Patamon que de repente se vio con un pañuelo en la cabeza y el símbolo de la luz pintando con rotulador plateado en la espalda. Tsukaimon en cambio llevaba muy orgullosamente la gorra de Kouichi.
No pude evitar darle un achuchón a mi digimon cuando lo vi así. Él en cambio se limitó a mirarme burlonamente con el traje de BlackGatomon.
Las orejas de pega me quedaban algo grandes, pero según Seiun eran adorables, llevaba un vestido negro ajustado y unas medias negras acabadas en unas botas que simulaban las patas del digimon. Los guantes, morados eran grandes y muy incómodos para coger cosas, pero no importaba estaba feliz, además la cola no quedaba caída por algún truco de la costura que yo no era capaz de entender.
El disfraz de Seiun era igual que el mío pero con las partes negras en blanco y los guantes verdes con las rayas naranjas, en vez de los negros y morados míos.
Seiun nos tendió una calabaza vacía a cada uno para guardar los dulces.
Salimos a la calle, por suerte no hacía frío. Aunque íbamos de cuello para abajo completamente cubiertas y bien abrigadas. Patamon se había posado en mi cabeza, para reservar fuerzas para después, según decía él. Los cuatro estábamos muy alegres e ilusionados, notábamos nuestros estómagos dando vueltas y saltos, con pellizcos de vez en cuando, producidos por los nervios.
Por la calle vimos a mucha gente disfrazada, niños sonrientes con las calabazas llenas de caramelos.
El colegio por la noche siempre me ha parecido muy terrorífico, los largos pasillos iluminados por las luces de emergencia presentan un aspecto fantasmal de abandono, los árboles parecen usar estas horas para quejarse y esperas ver una sombra pasar por una ventana en cualquier momento.
Sandro y Tentomon ya estaban en el colegio esperando. A su lado había cuatro figuras más, dos de digimons y dos humanas. Las dos nos sorprendimos pensando que Kio ya había llegado; pero al acercarnos nos dimos cuenta de que no era él.
Al identificar al sujeto oculto en un gran disfraz de patamon que le daba un aspecto ridículo sentí una gran alegría.
- ¡Hiko! – exclamé desde lejos.
- ¡Hoshi! ¡Seiun! Mis princesas, que hermosas os veo con esos trajes de gatita.
Un proyectil le dio en la cabeza, se lo había disparado su compañero un Monmon.
Un digimon de piel verde y cara y estómago de color carne. Tenía dos grandes ojos traviesos que miraban muy fijamente todo a su alrededor, llevaba lo que parecía el pelo recogido en una coleta hacia arriba. Un pequeño colmillo sobresalía de la boca y sus mofletes estaban decorados por tres líneas rojas. Generalmente vestía con un traje de piel de guepardo y unos guantes marrones, pero aquel día llevaba un vestido rosa y blanco y un gran lazo en la cabeza. Tenía los pies de normal descalzos cubiertos por unos zapatos rojos. Sin embargo seguía llevando el tirachinas que siempre tenía consigo.
- ¿De qué vas disfrazado? – se mofó Patamon
- De Hinaichigo – respondió el digimon con el rostro enrojecido.
Miré a Sandro, él iba disfrazado de Bearmon: una gorra morada con orejas de oso en la que ponía “Bears”, un traje ajustado gris y color hueso en el pecho, con varias correas moradas de hebillas plateadas alrededor de los brazos y de banda.
Tentomon llevaba una bandana con el símbolo de Konoha y llevaba un kunai agarrado.
El otro chico era Takeshi, disfrazado de Phantomon. Una capa con capucha roja que le tapaba casi toda la cara, una túnica gris con un colgante de un ojo y una guadaña dorada de mango negro de la que colgaba por una cadena una esfera negra con un ojo dorado dibujado. Simple pero aterrador.
Salamon llevaba únicamente un sombrero de bruja negro.
- Bonito disfraz – se rió Sandro – Os pega eso de una de BlackGatomon y otra de Gatomon. La chica buena, Seiun y la desviada del camino del bien, Hoshi.
Le fulminé con la mirada y le hice un gancho que le golpeó en el brazo.
Diez minutos después apareció Kio, jadeando y disfrazado de WereGarurumon, Veemon, a su lado, estaba más tranquilo, llevaba una gorra roja y blanca con una pokeball en la mano y un peluche de un pikachu. El disfraz de Kio no llevaba mucho detalle, apenas el vaquero con las rodilleras marrones y el brazo izquierdo con una hombrera igualmente marrón cubierto por una tela negra y rodeado por correas marrones. En los dedos llevaba unos pinchos dorados que parecían anillos, pero estaban todos unidos.
- Ya estamos todos – sonrió Hiko que había estado todo el rato hablando alborotadoramente
- ¿Hiko? – se sorprendió Kio al verlo – ¡Cuánto tiempo!
- ¡Kio! ¡Kiochin! Amigo mío dame un abrazo. – los dos se abrazaron alegremente.
- ¿Cómo es qué estas aquí?
- Yo le avisé para que viniera – confesó Sandro.
Hiko, que tenía un año más que nosotros, era amigo de Sandro y mío. Al principio acudía con nosotros a la OPSD, pero luego mudó y se cambió de colegio.
Nos miramos todos ilusionados, tal vez hubiera sido mucho mejor si Takeshi no hubiera acudido o si el colegio no hiciera de fondo paisajístico.
Decidimos empezar pidiendo por aquel barrio de las afueras, que sería mucho más tranquilo que la zona centro donde posiblemente todos los críos andarían pidiendo.
La luna brillaba en lo alto del cielo acompañada por las estrellas.
Íbamos casi en fila, caminando por la acera a pesar de que por la carretera no pasara ningún coche.
Yo iba la última junto con Patamon, pensando alegremete en todas las chucherías que podríamos comer. Sin embargo ir la última no me agradaba demasiado, no me había dado cuenta de que cada poco tiempo me giraba instintivamente a mirar hacia atrás.
- ¿Qué te ocurre? – me preguntó Kio, que iba delante de mí.
- Nada... pero... estoy inquieta. – murmuré.
Patamon, sentado en mi cabeza como hacía casi siempre también se volvía constantemente.
Por suerte para nosotros pronto llegamos a la zona donde comenzaríamos a llamar a las puertas.
Vi que Sandro miraba la calle con los ojos entornados y se rascaba por debajo de la gorra.
- ¿Qué te pasa Sandro? – le preguntó Kio, no era la única que me había dado cuenta
- ¿No os parece raro que no haya nadie en la calle? – las palabras de Sandro nos alarmaron.
- Este barrio está muy a las afueras, es normal que la gente prefiera ir a otra zona – respondió Takeshi
- ¿Pero ningún coche, ninguna persona? – repitió Sandro
- ¿Y quién va a ser el imbécil de coger el coche en Halloween? – se burló Takeshi, me dieron ganas de darle un par de bofetadas; pero mientras le lanzaba una de mis más fulminadoras miradas vi que él también estaba preocupado y miraba de reojo la larga calle fantasmal – No perdamos el tiempo en inquietudes inútiles.
Y dicho eso se acercó a la puerta de la casa más cercana y llamó al timbre, todos acudimos esperando ansiosamente la aparición de quien fuera y olvidando que éramos los únicos en aquella zona.
Pasaron tres minutos y nadie salió a darnos nada.
- Vuelve a llamar – pidió Seiun a Hiko, que era el que más cerca estaba del timbre. Él asintió y llamó dos veces más.
No se oyó ningún ruido dentro de la casa, ningún movimiento. Nos miramos intrigados, veíamos perfectamente la luz encendida de una habiación.
- Igual vive aquí una persona sorda – murmuró Hiko dando la espalda a la puerta – Vayamos a otra
Fuimos a la siguiente, asegurándonos de que había varias luces encendidas. Llamamos... Nada
- ¡Pero qué! – gritó enfadado Veemon golpeando la puerta repetidamente con los puños.
- Déjalo – suspiró Kio – Sigamos a ver si tenemos más suerte.
Sin embargo en las cuatro siguientes casas pasó lo mismo, cuando llamábamos no se oía nada.
Estábamos bastante deprimidos, pero también preocupados, aquello no era normal.
- Hoshi – llamó Seiun en voz baja - ¿No te parece que hace más frío?
Efectivamente, desde hacía un rato la temperatura había parecido descender notablemente, y no solo eso, el cielo había comenzado a cubrirse de nubes y de vez en cuando la luna quedaba oculta.
La sensación de que nos vigilaban aumentó, notaba como mi corazón aceleraba su latido. Seiun me agarró de la mano, se veía muy pálida.
- No te preocupes – le reconfortó Tsukaimon que parecía muy preocupada – Es normal que la temperatura descienda a medida que pasa la noche – su compañera asintió sin creérselo del todo.
- ¿Esto también te parece normal, Takeshi? – le preguntó Hiko irónicamente.
- Seguro que hay alguna explicación – respondió él con calma. – Es posible que todos los vecinos se hayan puesto de acuerdo para fastidiar a los posibles niños que acudieran, cosas más raras han ocurrido.
Kio se había sentado en las escaleras que daban a la puerta de la última de las casas a las que habíamos llamado. Tenía los ojos cerrados y parecía meditar. Sandro se sentó a su lado. Estaba tranquilo, pero se le notaba preocupado.
- ¿Qué vamos a hacer? – quiso saber Tentomon - ¿Por qué no vamos al centro?
Asentimos enseguida todos, no tenía sentido seguir allí perdiendo el tiempo.
- ¿Andando o en autobús? – Hiko miró la carretera – No he visto pasar ningún autobús, ¿y vosotros?
Ninguno habíamos visto ninguno. Pero ir caminando hasta el centro de la ciudad nos costaría bastante tiempo, un par de horas como mínimo. Nos acercamos a una parada de autobús, igual de desierta que el resto del barrio.
Seiun se sentó en el banco de la marquesina. Tenía los ojos muy abiertos y parecía atenta a cualquier ruido.
El ambiente era algo triste, apenas habíamos hablado, cada uno inmerso en su mundo. Comenzó a soplar el viento. Sentí un escalofrío, al igual que Patamon.
Un cuarto de hora después todos menos Hiko, que iba bien abrigado, tiritábamos de frío. Especialmente Kio, Seiun y yo.
- No parece que vaya a venir ningún autobús – gruñó Sandro – No es normal - repitió
Ninguno contestó, ni siquiera Takeshi le llevó la contraria
- ¿Qué esta ocurriendo? – preguntó Salamon desconcertada desde los brazos de su compañero.
- Ojalá lo supiéramos – dijo Monmon mirando el cielo.
Suspiramos todos a la vez, unidos por la mala suerte que estábamos teniendo.
- Voy a llamar a mis padres para que nos vengan a buscar – informó Sandro sacando su móvil. – No puede ser – oímos que murmuraba – No tengo cobertura.
Aquella noticia fue como un estímulo para los demás y todos sacamos los móviles a la vez. Ninguno teníamos cobertura.
- ¡Cómo puede ser posible! – exclamó alarmado Hiko, agitando el teléfono como si así fuera a recobrar la cobertura.
- Oye – susurró Seiun, le temblaba la voz – Volvamos por favor... – tenía lágrimas en los ojos.
- De acuerdo – le sonreí poniéndole la mano en el hombro para darle ánimos, ella me miró tristemente, se veía muy asustada.
Nos miramos los unos a los otros, todos parecían conforme con aquello. Nos pusimos a andar, hacía mucho frío. En el suelo comenzaba a formarse una neblina grisácea que dificultaba ver por donde caminábamos.
Anduvimos un rato, sin embargo enseguida nos dimos cuenta de que no sabíamos donde estábamos...
- Oye... – gruñó Takeshi mirando sorprendido aquella zona. - ¿dónde están las casas?
La niebla se hizo más densa, el cielo de un gris plomizo cubierto de nubes ocultaba la luz de la luna. Una ráfaga de viento helado se coló en nuestra ropa y sentimos un escalofrío.
Nos giramos para dar la vuelta y vimos con horror que no había nada a nuestras espaldas, solo un gran descampado de tierras grises medio ocultas por la niebla que se deslizaba por ellas.
- ¡Hoshi! – chilló Seiun abrazándome con fuerza. - ¿Qué está ocurriendo?
Me hubiera gustado poder responderle, pero no lo sabía. Me sentía insegura y asustada. Patamon notó aquella confusión y me dio un aletazo.
- ¡Espabila! – me gritó
No fue el único, Sandro nos agarró del brazo y nos hizo retroceder varios pasos sin explicarnos el porqué.
Enseguida lo supimos, una garra morada salida de la nada atravesó el espacio en el que segundos antes nos encontrábamos. El corazón me dio un salto y sentí que el cuerpo me pesaba mucho.
- ¿Qué? – pudimos articular Seiun y yo antes de que unas nuevas garras se precipitaran contra nosotras.
No nos movimos, paralizadas por el terror que en ese momento invadía nuestro cuerpo como un veneno que recorriera nuestras venas. Notamos como la tierra a nuestros pies comenzaba a temblar. La niebla se hizo muy densa y nos cubrió en cuestión de segundos, la última imagen que vimos antes de que todo se sumiera en una profunda nube de confusión y frío fueron unas largas garras moradas que avanzaban hacia nosotras con los dedos extendidos. Oí como Seiun gritaba y una fracción de segundo también yo lo hice al notar como un cuerpo me rodeaba fuertemente con sus brazos y me empujaba por el suelo dando varias vueltas hasta pararnos. No sabía quien había sido, pero notaba su aliento cálido sobre mi cuello, mi corazón que ya iba a gran velocidad antes de aquel suceso parecía haberse desbocado. En mi corazón revoloteaban mariposas aparecidas misteriosamente y mi temperatura corporal aumentaba por momentos. Pensé en la única persona que me producía aquella sensación, imposible.
- ¡Hoshi! – Patamon me llamaba desde algún lugar de la bruma. Posiblemente se hubiera elevado sobre ella, pero como yo quedaba cubierta le sería imposible encontrarme si no le indicaba mi posición.
Abrí la boca para contestar, pero como si hubiera adivinado mis intenciones aquella persona que me había salvado y sobre cuyo cuerpo cálido me situaba en esos instantes me tapó la boca con una mano cubierta por un guante. Notaba una sensación mezcla de mareo y excitación, sin olvidar el miedo que me producía aquella situación tan irreal. Noté como acercaba su boca a mi oreja por la respiración que ascendía desde mi cuello. Y fue entonces cuando mis dudas sobre su identidad se despejaron y a pesar de encontrarme en aquel lugar rodeada de niebla me sentí la persona más feliz de la tierra, una tierra que seguía vibrando y que iba en aumento.
- No digas nada o descubrirán nuestra posición. – hizo una pausa – Tranquilízate, no dejaré que te pase nada.
Aquellas palabras me reconfortaron, especialmente por estar en boca de él. Durante unos instantes no se oyó nada, en algún momento me pareció ver que una figura borrosa y envuelta en la oscuridad pasaba a nuestro lado. Me sujetaba con fuerza.
- ¡Hikaru! – gritó una voz que también reconocí - ¡Necesito ayuda!
- ¡Mierda! – gruñó mi acompañante apartando su cabeza de mí y mirando a su alrededor – Como quiere que lo encuentre.
- ¡Tienen a una! – repitió la voz del otro - ¡Pero no te preocupes que ya intento salvarla yo! ¡Ay! ¡Me agreden!
- ¿¡Cómo no te van a agredir, atontado, si estás gritando como un cerdo!? – gritó el susodicho Hikaru revelando esa posición que intentaba mantener oculta
- ¡Pues ahora tú también lo has hecho! – oí que gritaba Hiko desde algún lugar, una sonrisa se dibujó en mis labios
- ¡Pata llamando a Hoshi! Repito: ¡Pata llamando a Hoshi.! Corto y cambio
- ¡Dejaos de tonterías y ayudar a Seiun! – suplicó Tsukaimon
- ¡Joder! Dejad de gritad de una vez – exclamó enfadado Takeshi.
La niebla comenzó a disiparse, pronto pude ver a mi acompañante, sobre el cual seguía sentada, y mi estómago dio un nuevo salto.
Iba disfrazado de Myotismon, un antifaz con forma de alas de murciélago de color rojo cubría sus hermosos ojos azules oscuros, su cuerpo estaba recubierto por una capa negra de interior rojo y de cuello alto y picudo. Vestía un traje azul oscuro con adornos y botones dorados, igual que el murciélago que servía de broche para sujetar la capa en el pecho, en la cintura llevaba varios cinturones negros que caían sobre la cadera. Las mangas en cuya parte superior aparecía el emblema de un murciélago de color escarlata acaban en unos puños grandes y verdes con botones del mismo color que el resto. Sus manos estaban cubiertas por guantes grises, y calzaba altas blancas negras con unas calaveras blancas en la parte superior del pie. Llevaba el largo pelo azul oscuro recogido en una coleta.
Se dio cuenta que lo miraba como quien mira a su amor platónico, lo cual era cierto y sonrió.
- Al final se ha descubierto nuestra posición – me dijo a modo de disculpa. Yo asentí con cara de tonta.
- ¡Hoshi! – Patamon se lanzó sobre mí al divisarme. ¡Me alegro de que estés bien!
- ¡ Ayuda! – gritó Tsukaimon de nuevo
- Tengo que ir a ayudar a Seiun – decidí comenzando a levantarme y mirando hacia donde procedía la voz de Tsukaimon
- ¿¡Estás tonta!? – me gritó Hikaru agarrándome del brazo y obligándome a sentarme de nuevo sobre sus piernas dobladas. – Akira se encarga
- Hombre... pues un poco de ayuda – la voz de Akira a su espalda le hizo darse la vuelta.
Akira iba disfrazado de Wizardmon, se parecía a su gemelo Hikaru, ambos de un año más que yo. Ambos tenían el mismo color de ojos y pelo. Sin embargo el disfraz de Wizardmon parecía destrozado, le faltaba el gorro y la capa morada estaba hecha jirones. El traje de color crema recorrido de cremalleras y el chaleco rojo estaban llenos de cortes y quemaduras. Los guantes y las botas de color marrón con adornos de lunas doradas parecían las únicas zonas intactas.
- Labramon le sigue el rastro al Bakemon que se ha llevado a Seiun pero... no sé dónde está.
Hikaru le lanzó una mirada de incredulidad, y él a cambio una de burla al ver como me sostenía sobre él..
- ¿Dónde están mis amigos? – pregunté mirando hacia donde me era posible, pero la niebla seguía sin despejarse lo suficiente.
- Pues... no sé – sonrió Akira – A alguno se lo habrán llevado... quien sabe
- ¡Serás! ¡Tú estabas al cargo de proteger a Seiun! – le amonestó un enfadado Hikaru, notaba como su pecho vibraba al gritar
- Bueno... Labramon se ocupará... no van a poder con el unos feos Bakemons.
Un pequeño cuerpo morado se abalanzó sobre mí.
- ¡Hoshi! – era Tsukaimon que tenía los ojos bañados en lágrimas. - ¡Seiun... Seiun...!
- Ya lo sé – dije tomándola en brazos y apretándola contra mi pecho tiernamente. – Ahora iremos a rescatarla – prometí, sintiendo en mi interior las fuerzas que te da el querer proteger a alguien que te importa.
- Yo iré contigo – dijo Hikaru mirándome fijamente y haciendo que mi corazón diera un vuelco. – Y Akira también.
- ¿Dónde está Gabumon, Hikaru? – preguntó el nombrado gemelo.
- Siguiendo a Labramon – respondió él mientras suspiraba.
Nos pusimos en pie, la tierra temblaba cada vez más, pero nadie decía nada al respecto.
- ¿Por qué la tierra ...? – comencé a preguntar cohibida ante la presencia de aquella pareja de gemelos tan famosa, uno de los cuales recibía mi amor secreto. Fue él quien me respondió.
- Los Bakemons están saliendo de sus tumbas – no se puede decir que fuera una respuesta reconfortante.
Hikaru suspiró y me agarró de la espalda y de las piernas, tomándome en sus brazos ante mi desconcierto y el de su hermano.
- ¿Qué haces? Suelta a Hoshi – le ordenó Patamon enfadado
- Calla, así me aseguro de que no le pasa nada.
- Creo que se debería proteger más de ti que de los Bakemons
- Por lo menos yo no me la quiero comer – gruñó Hikaru a su hermano ante el comentario irónico de este.
- ¿Se quieren comer a Seiun? – sollozó Tsukaimon
- Em... no exactamente – respondieron los dos gemelos a la par.
- ¡Hoshi! – oí la voz de Sandro que me llamaba y lo divisé acercándose a nosotros. Tentomon y Veemon iban con él. Se paró a unos metros al verme en brazos de Hikaru y noté como se encendía mi rostro más de lo que ya estaba. - ¿Qué? ¿Qué está pasando?
- Nada, nada – interfirió Akira moviendo los brazos en un pronunciado aspaviento
- Se han llevado a Hiko, a Kio y a Salamon – informó – Iba con Takeshi y Monmon pero los perdí. – miró a los dos gemelos – Creo que vosotros sabéis algo que debemos saber, ¿cierto?
Hikaru y Akira se lanzaron una mirada confidente y asintieron.
- Creo que los Bakemons se han retirado – dijo Akira seriamente
- Entonces tenemos un pequeño margen de tiempo – concluyó Hikaru. – Bien esta es la situación: en Halloween los Bakemons que permanecen dormidos durante todo el año despiertan, para ello necesitan desviar hacia ellos una gran cantidad de energía que irán absorbiendo, y esta energía la sacan de los humanos.
- El supuesto bloqueo energético que se da en esta época se debe a esto
- Pero es mucha energía – repuso Sandro incrédulo
- No es para despertarse para lo único que la utilizan – respondió Akira – Cada año deben reunir a dos jóvenes puras, inocentes y blablabla que representen la luz y la oscuridad y junto a la energía que roban a la gente logran invocar a un digimon llamado Ogudomon...
- Yo he visto imágenes suyas – interrumpió Tsukaimon con una mueca de terror – Es muy feo
- Si solo fuera feo – ironizó Sandro – Ese digimon es conocido por ser diabólico y cruel. Controla el caos y el miedo.
- Una vez despertado las dos jóvenes son ofrecidas como ofrenda al digimon que se las come. – continuó Hikaru – Hasta ahora no ha conseguido resistir en este mundo más de varios segundos si es que lo ha logrado, pero este año es diferente
- ¿Por qué? ¿Y para qué quieren despertarle? – preguntó Patamon intrigado y asustado
- Quieren despertarle porque Ogudomon en agradecimiento les otorgará la vida eterna y mucho poder. – explicó Akira – Y este año creemos que será diferente porque... las dos elegidas han sido bien elegidas.
- ¿Qué quieres decir con eso? – pregunté acongojada
- Que... bueno Seiun ha heredado los poderes de una antigua familia de ángeles y que tú has heredado los poderes de una antigua familia de demonios. – seguía confusa.
- Los compañeros que han acompañado a vuestras familias han sido durante generaciones ángeles y demonios respectivamente – aclaró Hikaru. – Y por eso el poder de luz y oscuridad que poseéis es mucho mayor de lo que cabría esperar.
Sentí mi sangre helada, tan fría que era capa de derrotar a ese ardor interior que produce el que el chico que amas te lleve en brazos.
Se produjo un silencio, todos asimilábamos aquella información.
- ¿Cómo se eligen a las chicas? – preguntó Sandro
- Las eligen dos enviados, pueden ser humanos o digimons... descubrimos a quienes habían marcado este año y decidimos vigilaros a las dos – confesó Akira
- Un día estuvimos a punto de atrapar a uno de los dos espías... se había acercado a la terraza de Seiun, pero de repente huyó y Patamon salió inmediatamente después, con lo que tuvimos que movernos con más prudencia y le perdimos la pista.
- Así que habéis estado espiándolas – murmuró Sandro reprochadoramente haciendo que el rostro de los dos jóvenes se tiñera de rojo.
- ¿Qué vais a hacer para detener a los Bakemons? – preguntó Veemon
- Pues – Hikaru miró de reojo a su hermano – si logramos detenerlos durante esta noche tendrán que esperar al año que viene para volver a intentarlo
- ¿Entonces el año que viene volveríamos a estar en peligro? – no me hacía mucha gracia pasar el resto de mi vida enfrentándome a aquel Halloween tan horrible.
- Estamos... buscando una manera de derrotar a Ogudomon – explicó Akira.
No sé si hubiera seguido explicando algo más al respecto, solo sé que en ese momento un alarido rasgó el aire y nos sobrecogió a todos haciendo que nos paráramos alarmados.
Hikaru me apretó con fuerza contra su pecho. Tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar.
Una repentina explosión de luz iluminó la noche alejando las tinieblas. Sentimos un gran calor que emanaba de la tierra a la vez que a lo lejos se escuchaba la melodía de una canción. Era una canción triste y melancólica que invadía nuestros corazones y los apretaba como si fueran de papel.
Me sentí mareada, el estómago se me revolvía con fuerza y todo cuanto había ingerido aquella tarde amenazaba con volverse por donde había entrado.
Hikaru notó como temblaba en sus brazos, y me abrazó con mas fuerza contra su pecho. Escuché como su corazón latía a gran velocidad. Mi cuerpo se quedaba frío mientras el aire a mí alrededor se caldeaba. Pero yo estaba helada.
- ¿Qué te ocurre, Hoshi? – preguntó Hikaru preocupado – Estás pálida
No podría afirmar si eso era cierto o no, solo sentía frío. Mi visión se volvía borrosa y me costaba enfocar las cosas, cada vez que lo intentaba notaba un pinchazo atravesándome la sien.
- ¡Akira! ¡Han empezado el ritual! – un pequeño digimon corría hacia nosotros...
Tardé en recuperar el sentido, mi cuerpo ya no estaba helado, de hecho, parecía arder, abrigado por un cuerpo que compartía su calor conmigo. Estaba completamente sobre mí. Notaba sus extremidades y huesos clavándose en diferentes puntos de mi carne. Su respiración era lenta, notaba su pecho subiendo y bajando y el cálido aire que expulsaba en mi cuello. Me sentía extrañamente reconfortada, el miedo que me había estado invadiendo antes de perder el conocimiento había desaparecido.
- ¿Ya estás despierta? – preguntó la voz de Hikaru suavemente en mi oído al notar que estaba consciente – No te muevas demasiado ni hagas demasiado ruido o nos descubrirán – asentí – Me imagino que querrás saber que está pasando. – imaginaba bien – Cuando perdiste el sentido nos atacaron los Bakemons, Patamon me dijo que huyera contigo y todos le apoyaron, solo me acompañó Gabumon, mi compañero, que ahora ha salido a reconocer el terreno. No sé que ha sido de los demás, dijeron que ya se encargarían de Seiun – una punzada de preocupación me perforó el corazón, pero fue un instante, en aquel momento me sentía demasiado en paz, como si no estuviera en el plano terrenal y flotara por el mundo de los sueños.
- ¿Qué vamos a hacer? – pregunté en un susurro girándome hacia donde estaba su cabeza, noté como un estremecimiento recorría el cuerpo de Hikaru
- ¡No voy a hacerte nada! – exclamó en voz algo más alta de lo que hubiera deseado mientras su temperatura corporal aumentaba y su rostro se teñía de un vivo color rojo. Parpadeé sin entender su respuesta... hasta que una pequeña bombilla se iluminó en mi cabeza, entonces mi cara quiso hacer competencia con la suya en enrojecimiento, por suerte no nos podíamos ver.
- No... no me refería... – respondí algo cohibida – Preguntaba... que como vamos a ayudar a los demás. Recuerdo que un digimon gritaba algo de que el ritual ya había empezado.
Tardó en contestar, posiblemente avergonzado por su interpretación de mi pregunta.
- ¿Estás incómoda? – oí como suspiraba, le dije que no, aunque no sabía muy bien como responder a aquella pregunta en aquella situación – No es por nada... es que... – estaba bastante nervioso - creo que tenemos para un rato... y no tenemos mucho espacio y...
Entonces me fije donde estábamos, parecía una pequeña grieta en una cueva, lo suficientemente ancha para que cupiera una persona y de escasa altura, teníamos la cabeza orientada hacia la salida, la luz era poca por no decir nula. El suelo duro se clavaba en mi espalda como cuchillos afilados.
- ¿Quieres ponerte tú arriba? Quiero decir si te resulto muy pesado yo... Escucha, estamos en una... en una cueva, encontré un pasadizo que se adentraba y llegaba a una amplia galería, y en esa galería estaba esta grieta a ras de suelo, me ha parecido más segura para escondernos... claro que si nos sorprenden aquí no tendremos escapatoria, pero no había ningún otro sitio... Además en la entrada hay algunos pergaminos contra espíritus así que los Bakemons no podrán entrar y... y... – se calló. Las palpitaciones de su corazón me llegaban con total claridad. Tenía el estómago contraído. – Te prometo... te prometo que te protegeré.
- ¿No era ese tu trabajo? – pregunté irónicamente
- No... bueno... sí, pero yo... yo... Tu amiga también estará bien. – solté una carcajada sin poder evitarlo, Hikaru se sorprendió, estaba bastante nervioso – No te rías... no... *****.
Oímos un ruido fuera que hizo que nos calláramos inmediatamente y mantuviéramos la respiración.
- Hikaru... – susurró una voz. Hikaru se revolvió.
- ¿Gabumon?
- ¿Hikaru? ¿Dónde estás?
- ¿Akira?
- Salid, hemos salvado a la chica... pero está inconsciente... y no para de llamar a su digimon y a Hoshi.
Hikaru se puso a cuatro patas, por muy mal que quede la expresión, para salir de la pequeña grieta en la que estábamos, sopesando la seguridad de salir. Finalmente se decidió y salió cuidadosamente de no golpearme, yo le seguí. La pequeña galería a la que salimos era bastante ancha y alta, con lo que pudimos ponernos de pie. En cuanto salí un pequeño ser tembloroso se arrojó a mis brazos.
- ¡Hoshi! – sollozó – Me alegro de que estés bien
- Tranquilo, Patamon – sonreí sintiendo un vuelco del corazón.
- No te ha hecho nada ese tío, ¿no?
- ¿Por quien me tomas? – se sonrojó él ganándose una mirada de soslayo de su hermano.
Akira estaba de pie, con el semblante serio y Seiun en brazos.
- ¿Está bien? – pregunté acercándome a ella
- No – respondió Tsukaimon desde la cabeza de Akira – Esos fantasmas le han hecho algo...
- Pero se recuperará – dijo Gabumon
Gabumon es el compañero de Hikaru. Un digimon de un metro de altura y aspecto canino. Su piel amarilla está cubierta por una piel de un claro azul grisáceo en la que se dibujan rayas de un azul oscuro. Un cuerno amarillo le sale de la frente y mueve graciosamente las dos pequeñas orejas. Sus ojos rojizos brillaban con la luz de la linterna que llevaba. En el estómago tiene un dibujo celeste y rosado. La piel de los brazos acaba en tres garras rosas, de su espalda con protuberancias sale una cola de lagarto que le ayuda a mantener el equilibrio.
A su lado estaba Labramon, el compañero de Akira. Otro digimon de aspecto perruno. De menor tamaño y pelaje canela. Con unas largas orejas caídas de color granate, mismo color que la cola en espiral. El vientre es blanco y las garras doradas. Un gracioso colmillo sobresale de su boca y le confiere un aspecto a veces cómico y otras amenazador. Miraba fijamente a la entrada con sus ojos granates, sin pestañear.
- ¿Dónde están los demás? – pregunté temiendo la respuesta
- Logramos... logramos rescatar a todos – explicó Akira – Pero no sé que fue de ellos, los perdimos a mitad camino. Por cierto tenemos problemas – se volvió a su hermano – Han logrado traer una parte de Ogudomon... ahora mismo es una simple masa negruzca informe... pero ya ha destruido todo lo que ha tocado.
- ¿Y qué ha tocado? – Hikaru parecía haber recuperado la sangre fría.
- El cementerio de los Bakemons con varios Bakemons, los dos espías a los que ha tragado... nada importante de momento... pero se dirige a un pueblo cercano.
Entonces me surgió una duda, ¿por qué de repente nos habíamos encontrado en aquel lugar? Nosotros estábamos cerca del colegio. Les planteé mi interrogante, Hikaru sonrió y me revolvió el pelo, Patamon lo fulminó con la mirada.
- Os teletransportaron al Mundo Digital. Estamos en el Digimundo.
Abrí un poco la boca, no mucho.
- Hikaru – llamó Akira – Tenemos que detener a Ogudomon...
- ¿Con Gabumon y Labramon? – se burló él
- Sabes bien como, ¿verdad? – ambos se intercambiaron una mirada, llena de secretos.
- No... – Akira arqueó una ceja – Si que sé como, pero me niego. ¡No podemos!
- No es cuestión de que podamos nosotros... si no de que puedan ellas.
- ¡Es muy peligroso! –Hikaru me miró y tuve la mala sensación de que aquello no iba a ser bueno para mi seguridad. Akira se giró hacia mí.
- Seiun y tú tenéis que derrotar a Ogudomon – un violento escalofrío recorrió mi cuerpo, Hikaru me rodeó con sus brazos. – No es sencillo, tampoco demasiado complicado... Seiun tiene que recuperar la energía que le ha robado, y para hacerlo necesita tu ayuda.
- ¿Cómo? – quiso saber Tsukaimon.
- Hoshi tiene que usar su Oscuridad para atraer la Luz de Seiun
- Típica cosa que se hace todos los días – gruñó Patamon
- Parece difícil, pero casi con su mera presencia atraerá la Luz. Solo necesitas que no se te comas mientras pronuncias un conjuro.
- ¡Akira! – gritó su hermano algo molesto – No seas tan frío...
- ¿¡Qué no sea tan frío!? ¡Alguien tiene que usar la cabeza y mantener la cabeza en su sitio!
- ¡Pues puedes hacerlo sin parecer que te importe un pimiento que se coman a una persona!
- ¡Me importa un pimiento que se la coma si con eso Ogudomon no resucita! ¡Y también a ti debería darte igual!
- Que agradable – murmuré yo dolida por los comentarios de Akira
- No le importa un pimiento, no te preocupes – suspiró Labramon moviendo la cabeza.- Está nervioso... y preocupado porque esa chica no se despierta. – Akira se sonrojó y frunció el ceño. – Y porque la situación parece haberse ido de sus manos
- En ningún momento lo ha estado – respondió Hikaru. – Escucha Hoshi, te vamos a decir el conjuro, con él invocarás al poder de la Oscuridad que reside en ti y atraerás a la Luz de Seiun que Ogudomon ha absorbido, con eso debería desaparecer de nuevo...
- Si antes de que desaparezca le tiras esto – Gabumon me dio una pequeña esfera en la que se arremolinaban nubes de color indefinido y cambiante, a veces parecía verde, otras azul... – volverá a ser un digihuevo y podremos evitar que otro año resucite, es un invento mío. Nuestra Asociación se encargará luego de los Bakemons.
- Yo te cubriré – sonrió Hikaru, se le había caído la máscara y su traje estaba lleno de jirones.
- Y yo – afirmó Patamon, se veía intranquilo pero decidido.
- Bien Tsukaimon se quedará aquí con Seiun. Los demás iremos contigo – murmuró Akira.
Tsukaimon me miró indecisa, no quería ser la única que no me ayudara.
- Cuida bien de Seiun – le pedí – Es una labor mucho más importante para mí que acompañarme... Además es tu compañera... también para ti lo es.
Una bola me paso rozando, la había podido esquivar en el último momento. Corría de un lado para otro, jadeando. Si me paraba sería un blanco fácil.
Frente a mí una gran masa deforme de color oscuro lanzaba trozos de aquella materia que parecía plasma. Había visto que estragos podía hacer al chocar una de esas esferas contra una roca y derretirla. Y no quería acabar igual que aquella pobre roca que había pasado a una mejor vida.
No sentía miedo, ni dudas. Solo sentía el viento frío como el cuerpo de un cadáver sobre mi rostro.
Había sido mucho peor el camino hasta donde estaba Ogudomon, el estómago me había estado dando vueltas, mis piernas no reaccionaban y el corazón parecía ir ralentizado en un momento y al siguiente se desbocaba. El terror fluía por mi interior y mi cuerpo se negaba a acudir al encuentro. Pero aquella sensación despareció, como el azúcar en el agua, cuando Hikaru me agarró con fuerza de los hombros y me señaló aquella cosa, porque no podía denominarse de otra forma, moviéndose lentamente. A su alrededor flotaban muchos fantasmas de color blanco y ojos negros, los Bakemons.
Y ahí estaba yo, como una valiente, esquivando los ataques combinados de aquel ser y los Bakemons, interceptados por Patamon, Gabumon, Labramon, Hikaru y Akira, mientras recitaba aquella retahíla de versos ininteligibles que me habían hecho memorizar. Solo recuerdo que contenían muchas s, muchas t y muchas l.
Cuando acabé de decir el conjuro algo dentro de mi reaccionó, sentí el cuerpo bajar de temperatura para alzarse inmediatamente después, me envolvió un aura de color oscuro que parecía adquirir una forma definida. Todos pararon lo que estaban haciendo para girarse hacia mí. Aquella energía oscura que me quemaba la piel desplegó lo que parecían unas alas membranosas. El cuerpo de Ogudomon fue iluminado por un resplandor en su interior. Algo intentaba salir en respuesta a mi conjuro, una luz blanco latiendo que perforaba la superficie plasmática del incompleto digimon para escapar. Después de una no muy larga lucha aquel corazón luminoso logró huir de su cárcel de energía corrompida y brilló con fuerza ante todos, me pareció ver que unas plumas caían sobre la tierra esfumándose al igual que la espuma lo hace en el mar. Nos deslumbró y llenó de una sensación sumamente agradable de calma vaporosa, como si quisiera demostrarnos su alegría y darnos las gracias. Se alejó. Supe a donde se dirigía, energía inteligente...
- ¡La esfera! – gritó Hikaru acercándose rápidamente - ¡Tírasela ya!
Asentí, tragando saliva y sacudiendo la cabeza para despejarme después de aquella sensación de paz.
La masa que constituía el cuerpo de Ogudomon se estaba contrayendo, entre espasmos y salpicaduras de materia. Levanté el brazo para arrojar la esfera, el digimon supo que quería acabar con él, supo que se estaba muriendo, y atacó.
Vi con espanto como todo lo que quedaba de él se abalanzaba sobre mí para darme el mismo fin que le había dado al suelo por el que se había arrastrado, dejando un surco en la tierra de un metro.
Me quedé paralizada sin reaccionar, sin moverme para evitar el golpe, sin cubrirme con los brazos en acto reflejo.
Unos brazos me rodearon por la cintura y el pecho, un cuerpo que se movía a gran velocidad transmitió ese movimiento al mío e hizo que saliéramos propulsados varios metros, acabando de salvar la distancia que nos pondría a salvo del plasma de Ogudomon rodando vertiginosamente. No pude pensar con claridad hasta que paramos, lentamente. Seguía llevando la esfera agarrada en mi mano derecha, me erguí y fijando mi objetivo lancé la pequeña bola. Fue un lanzamiento mejorable, pero logré acertar, aquel objeto se hundió en el cuerpo del digimon corrupto y tuvo un efecto inmediato. Se oyó un gemido, largo y agudo. Ogudomon se contrajo para expandirse y explotar. La energía que salió disparada se detuvo a un metro y se volvió a reunir, formando lo que parecía un digihuevo grisáceo.
Los Bakemons asustados huyeron en desbandada, alejándose del digihuevo del digimon que habían querido invocar.
- Bien hecho – me felicitó Hikaru desde debajo de mi cuerpo. Me quité de encima suyo, arrodillándome a su lado. Había perdido la capa, la ropa estaba completamente destrozada y se le había soltado el cabello.
Se incorporó con algo de dificultad, tenía varias heridas en los brazos y las piernas.
Oí una voz a lo lejos que me llamaba, me giré, Patamon volaba hacia donde estaba y tras el se encontraban Sandro, Kio, Takeshi e Hiko con sus compañeros digimons. También vi a una pálida Seiun con Tsukaimon en brazos ayudada a caminar por Akira. Les saludé con la mano, asimilando todo lo que nos había sucedido.
El cielo se teñía de un hermoso color verdoso anunciando la pronto llegada del amanecer, las estrellas y la luna cada vez se difuminaban más en el firmamento. El verde esmeralda daba paso a un naranja intenso como el fuego.
- ¿Estás bien? – me preguntó Hikaru tocándome en el brazo y haciendo que me sobresaltara.
Asentí con una sonrisa de satisfacción, la satisfacción de haber hecho una gran obra por la humanidad que se oculta en la ignorancia de la misma.
Mi corazón recuperaba el ritmo único que lograba cuando estaba cerca de Hikaru, y mi estómago volvía a mostrarme la sensación de pellizco y cosquilleo que tanto conocía, cuando antes y después de conocer a Hikaru me quedaba embobada mirándole.
Estaba sentado, con las piernas cruzadas al modo indio. Vio como Patamon se acercaba, en escasos segundos llegaría a nosotros. Sus ojos brillaban y aleteaba con fuerza para estar a mi lado cuanto antes, podría haber colaborado y caminar hacia él, pero sabía que mis piernas no iban a responder fácilmente después de lo que había vivido en los últimos minutos.
La mano de Hikaru en mi brazo de improvisto me sorprendió, mi piel que parecía estar demasiado sensible comenzó a quemarme en aquel punto. Con un suave tirón que no esperaba me acercó hacia él. Mi estómago dio un salto, los latidos aumentaron de ritmo. Me miró con una expresión que jamás podré olvidar, y vi en sus ojos una luz que me cautivó. Con delicadeza me retiró un solitario mechón de pelo de mi cara.
- ¡Ey! ¡Tú! – se alarmó Patamon acelerando.
Colocó la mano es mi espalda y me empujó más hacia su cuerpo.
- Te quiero – me confesó en un susurro haciendo que mis emociones se desbordaran.
Acercó su cara a la mía y juntó sus labios suaves, cálidos y blandos con los mios. Él tenía los ojos cerrados, yo los abrí todo lo que eran capaces por la sorpresa. Hacía presión con su cabeza mientras enredaba su mano en mi cabello.
- ¡Mierdas! – gritó Patamon mientras golpeaba sin cuidado la cabeza de Hikaru rompiendo así el contacto entre nuestras bocas.
Fue un momento que siempre recordaré, aquellos labios pegados a los míos en el amanecer de un nuevo día con el cementerio destrozado de los Bakemons de fondo paisajístico.
- Y yo también – le respondí con una sonrisa viendo como intentaba quitarse a Patamon tirado en el suelo.
Emprendimos el camino hacia el pueblo más cercano, con un enfadado Patamon, una agradecida Seiun y mi corazón rebosante de alegría, era aquel el momento más feliz de mi vida.
- Enhorabuena – me murmuró Seiun cuando me acerqué a ella – y muchas gracias por todo – Me abrazó con fuerza y ternura.
- Parece que si que es lo suficientemente gilipollas como para sentir atracción por ti – comentó Sandro con su habitual sarcasmo.
- ¡No te rías! – le gritó Patamon cabreado – Baboso
Hikaru sostuvo la mirada de mi compañero con indiferencia
- Será mejor que nos llevemos bien porque vamos a tener que compartir muchas cosas si me caso con tu compañera – le respondió Hikaru con una sonrisa pícara.
- ¿¡Qué!? – gritamos Patamon y yo a la vez, el rojo de indignación y yo roja de vergüenza.
Todos soltaron una carcajada.
- No te olvides invitarme a la boda, sobre todo si hay una dama de honor guapa – apuntó Hiko dándome una palmada en la espalda.
- ¿Habrá tarta? – Kio se relamió mientras imaginaba una gigantesca tarta.
- Podemos hacer boda doble – Hikaru se giró hacia su hermano con un brillo extraño en los ojos, Akira seguía rodeando a Seiun con su brazo.
- ¡Cállate! – le gruñó Akira sonrojándose al igual que Seiun, ambos habían pillado la indirecta.
- ¡Yo quiero hacer los trajes! – pidió Tsukaimon haciendo una pirueta en el aire de alegría.
- Que alborotadores – se quejó Takeshi
Caminamos, por una senda que recorría unas praderas bañadas por la luz del sol naciente rojo como la sangre. El pueblo más cercano se alzaba todavía sumido en un profundo sueño.
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