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Ver la Versión Completa : [RdM] ¿Es el corazón el hogar del miedo?


Danot Okino
01-11-2008, 02:55:13
Ciudad Hearthome, situada quizá intencionalmente en el centro de la región Sinnoh (o el corazón de ésta, si se prefiere), es un paradero obligatorio en el viaje de quienes se dedican a dos de las actividades relacionadas con los Pokémon más populares en la actualidad, las batallas y los concursos, al ser la sede de uno de los Gimnasios que otorgan las ansiadas medallas, requisitos indispensables para acceder a la Liga Pokémon local, y también del Salón de Concursos que alberga al certamen más importante de todos los que se realizan durante el año. Por esas y otras tantas razones se trata de una urbe con mucha actividad, más en las festividades, como la que estaba a punto de celebrarse aquel 31 de octubre.

Calabazas de plástico con expresiones aterradoras de todos los tamaños posibles adornaban la mayoría de comercios de la ciudad, al igual que muñecas de papel representando a brujas completamente aterradoras o extremadamente tiernas; una infinidad de muchachas disfrazadas a la usanza de las segundas recorrían las calles mientras repartían folletos publicitarios de centros comerciales, fiestas a realizarse en discotecas y similares. Ciertamente se podía notar que era una celebración a la que los ciudadanos tenían mucho aprecio, pero quien más parecía disfrutar de aquello era Fantina, la líder de Gimnasio local y entrenadora de Pokémon de tipo fantasma, pues el enorme edificio de tonos púrpuras, más similar a un castillo en medio de la moderna ciudad, lucía infinidad de adornos alusivos a la fecha, tales como calabazas de papel unidas por cordeles, faroles en la forma de la mencionada fruta, marionetas fantasmagóricas de los Pokémon que poseía, etc.

En el interior de tal edificación, totalmente ajena al mundanal ruido del exterior, se desarrollaba una intensa batalla entre la especialista en Pokémon espectrales, una joven mujer de tez clara, cabello lila peinado en cuatro abultadas coletas, ojos de irises de la misma tonalidad y que con facilidad tendría una estatura mayor a metro y ochenta centímetros; dicha persona estaba ataviada con un llamativo vestido morado con un poco menos que discreto escote y brillantes lentejuelas blancas dispersas por toda su superficie que reflejaban la poca luz dentro del recinto, adornado con una mediana cruz amarilla adherida a la zona de su cadera derecha, largos y finos guantes blancos que incluso llegaban a cubrir sus codos y zapatos de tacón alto que iban a juego con la primera prenda. Aquella persona era Fantina, quien elegantemente apuntó con el rayo tractor de la Pokébola que tenía en la mano derecha al Pokémon que su retadora acababa de derrotar. Esa entrenadora, situada al otro lado del campo de batalla, era una muchacha de quizá quince años, ojos verdes de tonalidad oscura, cabello castaño rojizo atado con dos moños que formaban el mismo número de largas coletas, poco más de metro sesenta de estatura y de complexión normal; llevaba puesto un apenas holgado vestido negro corto, con una malla color azul marino debajo que le cubría hasta la mitad de los muslos y zapatillas negras, además del usual cinturón marrón con agarraderas para seis Pokébolas. Frente a ella se encontraba un fiero can de pelaje negro como la noche, a excepción de su vientre de color rojo pálido, que lucía orgullosamente dos gruesos cuernos sobre su cabeza que se curvaban hacia su espalda, surcada por huesos que la recorrían de lado a lado, y sus afilados dientes, por los que se escurría una pegajosa sustancia morada, quizá restos de sangre del Pokémon que había derrotado con una poderosa dentellada. A pesar de haber tenido ventaja de tipo, ese Pokémon conocido como Houndoom se había apresurado en derrotar a su rival, al saber que era el último con el que su entrenadora podía contar para esa batalla, que había parecido fácil en principio y que de un momento a otro se había tornado cuesta arriba para la taheña. Aparte de los ya mencionados, un muchacho de cabello azabache corto y ojos café, un poco más bajo que la Líder de Gimnasio, de complexión algo más gruesa que la adolescente y vestido con pantalones de tela marrón, camiseta verde oscura de manga larga, chaleco, calzado deportivo y cinturón para Pokébolas del mismo color de la primera prenda. Junto a él estaban dos morrales, uno negro y el otro verde, posiblemente suyo y de quien estaba en medio de la batalla en esos momentos.

—Es tu turno, mon amie —dijo Fantina mientras cambiaba la Pokébola que asía con la diestra por una de las dos que tenía en la otra mano—. ¡Ve Dusclops! —exclamó al dejar salir a su último monstruo.
—¡Clops! —gruñó el recién liberado espectro, similar a una regordeta momia de vendas negras de más metro y medio de estatura, de grandes manos grises y largas tiras del mismo color que pendían de sus hombros y la parte más alta de su cabeza; sin embargo, su rasgo más escalofriante era su único ojo rojo como la sangre, que veía maliciosamente al Houndoom y a su Entrenadora.

—Ánimo Cristal, puedes vencerlos —pensó el único espectador de la batalla, aparte del anciano réferi que controlaba el destino de la lid, sabedor de que éste reprobaría cualquier muestra de apoyo que pudiera interferir con el normal desarrollo de ésta.

—¡La ronda final de la batalla será entre Dusclops y Houndoom! ¡Pueden comenzar! —expresó el árbitro, al ondear débilmente sus banderines rojo y verde al unísono.
—Se nota que es un Pokémon resistente, pero no durará mucho —pensó Cristal, echando una decidida mirada hacia su oponente—. ¡Vamos Liechen! ¡Triturar! —fue la orden dada a su fiel can.
—¡Jer! —asintió el Houndoom, lanzándose en pos de su contrincante mientras abría sus temibles fauces; a pesar del inminente peligro que ello significaba para Dusclops, la única reacción visible de su dueña fue una disimulada sonrisa.
—Gravedad —fue la palabra que dejó escapar Fantina por sus labios pintados de un brillante tono violeta.
—¿Qué dijo? —preguntó una sorprendida Cristal, ignorante de lo que estaba a punto de ocurrir.

Cuando Liechen se encontraba ya a poco más de un metro del fantasma provisto de un solo ojo, ese órgano se vio súbitamente rodeado de un notorio centelleo cerúleo; inmediatamente después, el Houndoom de Cristal se vio impelido hacia el suelo por una misteriosa fuerza, como si el mundo se le hubiera venido encima, notándose en su rostro el esfuerzo que tenía que hacer para apenas despegar su cabeza del ras del piso, mientras emitía un gruñido que expresaba su molestia por esa situación.

—Esto no es bueno, definitivamente no lo es —dijo el chico de cabello negro para sí mismo, cerrando fuertemente sus puños por la frustración de no poder ayudar ni con un mínimo consejo a Cristal.

—Gravedad; esta técnica de tipo psíquico genera un aumento de la fuerza gravitatoria en un radio de 5 a 10 metros del usuario por cierta cantidad de tiempo; cuanto más nivel tenga el Pokémon, mayor será la intensidad de ese fenómeno —explicó el Pokédex de la chica, que lo había sacado segundos antes para saber acerca de la técnica usada por su oponente.
—Ya veo… tendremos que atacar a distancia —pensó la taheña, viendo como muy difícil, si no imposible, que su Pokémon pudiera levantarse—; ¡Liechen, usa tu Lanzallamas! —ordenó prestamente.
—Terremoto —pidió tranquilamente Fantina, quizá pensando en que ya tenía asegurada la victoria.

A pesar de estar aún erguida, la fantasmal momia levantó lentamente su pie derecho, quizá por el efecto de la gravedad aumentada o de su propia naturaleza parsimoniosa, el que al tocar el suelo provocaría una fuerte onda expansiva. Con tan poco tiempo disponible, el Pokémon de la adolescente no dudó en abrir lo más posible sus fauces y exhalar una tórrida corriente de danzantes llamas rojas y anaranjadas en dirección del espectro; por la escasa distancia, éstas no tardaron en causar más que incomodidad en su objetivo, que vio toda la zona inferior de su anatomía abrasada por ese candente ataque, mas ello no impidió que finalmente azotara el suelo con el miembro que con esfuerzo había alzado, generando un poderoso movimiento telúrico que, dada la poca distancia del epicentro, la presión de la gravedad y su efectividad de tipo, ocasionó mucho daño al Pokémon siniestro.

—¡Liechen! —exclamó una evidentemente preocupada Cristal.
—¡Acábalo con Tinieblas! —mandó la Líder de Gimnasio a toda voz, quizá segura de que esa sería la última orden que daría en la batalla.

Sin emitir el menor ruido, el único ojo del fantasmagórico monstruo de Fantina se iluminó completamente de un tétrico color negro, para que en menos de un segundo saliera disparado un grueso rayo de la misma tonalidad, aunque con decoloraciones rojas, en dirección del Pokémon ígneo; éste no tardó en salir volando por los aires tras recibir directamente ese espeluznante ataque, a la vez que la fuerza gravitatoria se desvanecía, con lo que la caída de Liechen no fue tan violenta como cualquiera hubiera esperado; sin embargo, el can de oscuro pelaje no parecía ser capaz de seguir combatiendo.

—¡Houndoom no puede continuar! ¡La líder Fantina gana la batalla! —dictaminó el anciano que fungía como réferi, al dirigir lentamente su banderín verde hacia la mujer de estrambótico peinado.
—Merci beaucoup Dusclops, regresa —agradeció la líder de Gimnasio, mezclando como era usual en ella su idioma natal con el que debía emplear en Sinnoh.
—Liechen… gracias, necesitas un buen descanso —le reconfortó Cristal, después de haberse acercado a su Pokémon y revisar si no estaba muy lastimado, cuando de improviso sintió cómo una mano se apoyaba suavemente en su hombro derecho.
—¿Cómo está él? —preguntó el chico que había estado presenciando el combate, con expresión de preocupación, mientras Fantina se retiraba a sus aposentos.
—No creo que sea tan grave —respondió Cristal mientras dirigía una última caricia al suave pelaje de su Pokémon, antes de devolverle al interior de su contenedor esférico, tras lo cual se puso de pie—; vamos Dante, que tenemos que hacer muchas cosas hoy —pidió con tranquilidad.
—Vale, es cierto —respondió el nombrado como Dante, sospechando lo que planeaba su compañera, al llevar tanto tiempo viajando juntos y compartiendo aventuras.

Sin mucho aspaviento la pareja de entrenadores abandonó el Gimnasio local y se dirigió al Centro Pokémon local, una edificación de dos pisos de paredes blancas y un techo rojo similar a un domo, el que era institución solventada por el gobierno para asistir a la salud de dichas criaturas; tras dejar en custodia sus equipos y serles confirmado que a mediodía estarían perfectamente bien, Cristal y Dante se dispusieron a recorrer la festiva urbe para reabastecerse de provisiones, en particular medicinas para Pokémon, dado que éstas serían imprescindibles para lo que tenía planeado.

Una vez que tuvieron todo lo necesario y que hubieron almorzado en la cafetería del Centro Pokémon antes de ir a recoger a éstos, lo cual era relativamente temprano para su rutina usual, los muchachos emprendieron de inmediato la marcha hacia la puerta oriental de la ciudad. Ya en ese lugar, asegurándose de no estar pisando el pavimento, Dante tomó una de las Pokébolas de su cinturón y dejó salir a un bovino de pelaje pardo que se alzaba a casi metro y medio del piso y se apoyaba en este con sus cuatro musculosas extremidades rematadas con sólidos cascos negruzcos, y que poseía cuernos de ligera coloración plateada que relucían con la luz solar y contrastaban con la espesa capa de pelo marrón oscuro alrededor de su torso, el mismo color de las tres colas que ondeaban como flamas al viento. Sin dudar, el chico subió al lomo de su bestia e invitó a Cristal a hacer lo mismo, y ya afianzados éste dio la orden para que el Pokémon toro salvaje iniciara la rápida marcha hacia el este, en búsqueda de un lugar idóneo para tener una intensiva sesión de entrenamiento para los monstruos de la chica, con el objetivo de volver a enfrentar a Fantina y obtener su medalla, como había hecho ya Dante.

Surcaron pastizales de mediana altura llenos de Pokémon tan comunes como lo eran Bidoof y Starly, sin prestarle atención a los susodichos, mientras Cristal ideaba la mejor manera para mejorar sus posibilidades de vencer a la entrenadora de espectros, en tanto el dueño del Tauros hacía lo propio, dado que era muy difícil conversar tranquilamente y analizar sus opciones en tan ajetreado viaje. Siguieron así hasta que se hubieron alejado aproximadamente 5 ó 6 kilómetros de Hearthome, encontrándose en ese momento en un claro del bosque, cercano a un arroyuelo de diáfanas aguas, que era exactamente lo que buscaban.

Prestamente descendieron de la espalda del toro salvaje, al que Dante le indicó que podía hacer lo que le placiera por un rato, antes de requirieran su asistencia; con ese permiso, el Pokémon de tipo normal se acercó a la orilla y comenzó a beber del reparador líquido elemento, pues la carrera de minutos atrás le había dejado sediento. Mientras tanto, los dos humanos inspeccionaban a fondo el lugar, percatándose de que a la distancia, quizá a poco menos de un kilómetro se alzaba lo que parecía ser una antigua torre de paredes grises, aunque en realidad solo pudiera apreciarse la parte más alta de éste por culpa de las copas de los árboles, de la que ambos ignoraban su existencia; aquel lugar era conocido como la Torre Perdida, lugar de descanso de los Pokémon fenecidos en el pasado, y por ello mismo hogar de fantasmas de esa especie o de otro tipo, según contaban las tradiciones populares.

Sin tomarle mucha importancia a esa aparentemente lejana construcción, los dos Entrenadores se dispusieron a empezar, siendo Cristal la primera en dejar salir a sus Pokémon, y así, fueron liberados Liechen y dos más. La primera era una felina aparentemente bípeda de pelaje negro que no superaba el metro de estatura, de afiladas garras, ojos rojos y plumas del mismo color en la espalda y el lado izquierdo de su cabeza, tres y una, respectivamente; dicha criatura era conocida como Sneasel. La otra era un enorme murciélago de piel morada, cuatro fastuosas alas y pequeños ojos de pupilas amarillas con irises rojos como la sangre, al que los humanos llamaban Crobat. Con ello listo, Dante tomó también tres Pokébolas y sin dilación dejó salir a los monstruos en su interior. El primer era un enorme rinoceronte bípedo de pétrea piel, ojos rojos, poderosos miembros y cola, además de un afilado cuerno similar a un taladro metálico por encima de su nariz. Un cuervo de lustroso plumaje negro y desarrolladas alas con una apenas visible garzota roja en su interior, del mismo color que su cola similar a un plumero, con afiladas garras blancas en sus patas de tonalidad más oscura que la del color predominante en su cuerpo; las plumas por encima del nivel de sus relajados ojos de pupilas color rojo sangre estaban dispuestas de tal forma que se asemejaban a un sombrero de bruja, aunque el poblado airón blanco que cubría la parte inferior de su pico amarillo y casi todo su pecho le hacía parecer un hechicero de cuento de hadas. El último era un rechoncho fantasma antropoide de piel púrpura, cortas extremidades, ojos de siniestro color rojo y casi un metro y medio de estatura, cuya espalda estaba llena de picos y que mostraba una notoria y felona sonrisa.

—Wisdom, Capone, Joker, ¿están listos? —preguntó Dante al dirigirse hacia su Rhydon, Honchkrow y Gengar, respectivamente, los que asintieron de inmediato.
—Bien, comencemos —dijo Cristal, haciendo tronar sus nudillos.

De esa manera el dúo de entrenadores dio inicio a su sesión de práctica, en que la Sneasel de Cristal, de mote Amatista, debía eludir los proyectiles rocosos expectorados por el pétreo monstruo de Dante, además de los temblores que éste pudiera causar al azotar el suelo con una de sus poderosas piernas; en cuanto a Vlad, el Crobat de la susodicha, debía hacer lo propio con las esferas púrpuras con decoloraciones negras que formaba entre sus dos manos y arrojaba con fuerza. Para Liechen, la práctica se enfocó en aumentar su velocidad y resistencia, por lo que debía sortear los golpes con alas iluminadas de color blanco que Capone intentaba propinarle, además de contraatacar con tórridas corrientes de fuego; para no agotar a sus monstruos, la pareja decidió que éstos tuvieran un descanso de 10 minutos por cada hora de entrenamiento, y siguieron así hasta poco antes de que se pusiera el Sol.

Presa del cansancio, Wisdom erró la dirección de su Pedrada, la que se perdió en medio de los árboles cercanos, por lo que los humanos decidieron que ya era suficiente; sin embargo, nunca llegaron a saber que esos proyectiles impactaron de manera violenta a una apenas alejada estructura de piedra similar a una irregular torre en miniatura, que con ello comenzó a tambalearse peligrosamente, dejando caer algunas piedras de su estructura, pero milagrosamente ésta no se derrumbó.

Cuando la noche había extendido ya su negro manto, era solamente la luz provista por una acogedora fogata cercana al riachuelo la que rompía la continuidad de dicha oscuridad; alrededor de las danzantes llamas se habían arrellanado Cristal, Dante y todos los Pokémon de ambos, todos ellos disfrutando de una deliciosa sopa servida en tazones para los dos primeros y cuencos de plástico para los demás, en tanto un par de ollas vacías reposaban al lado de los morrales de los entrenadores. Ciertamente era un ambiente agradable y usual cuando pasaban la noche al aire libre, en esa ocasión con solo algunas estrellas visibles, pues algunos sectores del cielo eran bloqueados por oscuras nubes, quizá un escenario propicio para la festividad que se celebraba jovialmente en la ciudad que habían dejado horas atrás. Ya satisfecho por la deliciosa comida preparada por Cristal, Dante se levantó y le dio un corto beso en los labios antes de coger todos los utensilios y cuencos y llevarlos al río para lavarlos; esa era su repartición usual de tareas, dado que el muchacho era un desastre a la hora de cocinar.

Esperando a que su novio terminara con esa labor, Cristal se dejó caer de espalda sobre la fresca hierba a un par de metros de la pira, deseando reponer fuerzas tras tan ajetreado día y disfrutando la tranquilidad que le brindaba estar simplemente así, observando el entorno a su alrededor, que por la oscuridad parecía inerte, pero en realidad la vida aún continuaba su ciclo en él. Permaneció de esa forma por poco más de quince minutos, tiempo que le tomó a su enamorado dejar aceptablemente limpios los enseres empleados, los que dejó cerca del fuego para que se secaran, antes de guardarlos, con lo que éste se acomodó a su lado y le acompañó en la contemplación del silente espectáculo, quedándose ambos así por una o dos horas más, en silencio, simplemente deseando compartir ese tiempo con el otro. Dejaron ello cuando sintieron que el sueño comenzaba a apoderarse de ellos, por lo que sin mayor aspaviento hicieron que sus adormilados monstruos regresaran a sus Pokébolas, guardando de inmediato las ollas y afines y sacando sus bolsas de dormir, pues ya era demasiado tarde para regresar a Hearthome y en ese lugar no podrían descansar, por el jolgorio que seguramente debía estar invadiendo cada rincón de la ciudad en ese momento. Ya con sus párpados cerrándose por ratos, el chico de cabello negro echó dos puñados de tierra al fuego para extinguirlo, en tanto Cristal le observaba, después de lo cual ambos se enfundaron tranquilamente en sus respectivos cobertores, ambos de color negro, e intentaron acomodarse lo mejor que pudieron para tener un descanso reparador; antes de cerrar los ojos, se desearon mutuamente y de la manera más cariñosa posible las buenas noches, como había sido desde que iniciaron su relación sentimental.

A pesar de que hubiera deseado descansar de largo hasta poco después del alba, Dante se vio en la imperiosa necesidad de despertar y salir de su saco de dormir cuando sintió el llamado de la naturaleza; presuroso, pero al mismo tiempo procurando no hacer ruido, se liberó de su cobertor, se colocó el calzado que había dejado al lado de éste y todavía soñoliento se internó en el bosque, buscando algún lugar ideal para evacuar el contenido de su vejiga aparentemente llena; sin percatarse de sus alrededores, llegó a la inestable torre que horas atrás había sido asolada por la Pedrada de su Rhydon, y posiblemente confundiéndola con una letrina, se abrió la cremallera del pantalón y dejó escapar un ambarino fluido con el característico olor de la urea, mojando buena parte de esa estructura. Aliviado, arregló su ropa y se subió el cierre, tras lo cual dio media vuelta y se dirigió al riachuelo para lavarse las manos, sin notar que la pequeña torre de piedra, con ese mínimo impulso se venía abajo por completo, mientras una informe luz verde relucía bajo los escombros.

A paso lento y tranquilo, Dante volvió al campamento tras haberse aseado las manos gracias al arroyuelo, encontrando que su novia le esperaba despierta, por alguna extraña razón.

—¿Tardé mucho? —preguntó el muchacho, pensando que por esa razón su interlocutora se había levantado.
—No, pero… —Cristal parecía intranquila, como si hubiera despertado de una pesadilla.
—¿Sucede algo? —inquirió Dante al acercarse y abrazarle, notando que estaba temblando un poco.
—Es que… algo no está bien aquí… —expresó la taheña, quien tenía un mal presentimiento, causado por un súbito cambio en el viento y el aumento de la sensación de frío.

Como si hubiera sido lo que el destino esperaba para actuar, tras las palabras de la entrenadora de ojos verdes el viento se detuvo; inmediatamente, ésta y su novio pudieron escuchar un espeluznante gemido, acaso similar a los lamentos de los muertos, que les heló hasta los huesos, pero ese temor no fue nada comparado a lo que vino a continuación, lo que fue una horda de Pokémon fantasmales provenientes del norte, de la Torre Perdida; estaba conformada mayormente por Gastly —seres sobrenaturales similares a esferas negras recubiertas de hados púrpuras, con grandes ojos y afilados colmillos— y varios Haunter —seres más grandes que los anteriores, de piel púrpura, cabeza con lo que parecían ser pinchos a ambos lados, grandes ojos de forma triangular y grandes manos separadas de su etéreo cuerpo—; sin embargo, hubo una criatura entre toda esa multitud que les llamó la atención al ser tan diferente a los demás, y que de alguna manera pareciera estar comandándoles. Se trataba de lo que a primera vista parecía una gran piedra arcillosa con tres agujeros que representaban una especie de un rostro, pero éstos eran apenas visibles por una niebla ectoplasmática de tonalidades lilas que salían de estos, formando una espiral en la que orbes verdes de la misma naturaleza recorrían su borde y en cuyo centro se mostraba una figura similar a una boca dentada unida a dos siniestros ojos, con una pequeña espiral negra en el izquierdo.

—¡Qué rayos es eso! —preguntó Dante, impresionado.

Pero el chico no tuvo tiempo para sacar su Pokédex, ya que con un asentimiento del amorfo ser, los demás fantasmas se lanzaron a atacarles en masa; los chicos no lo pensaron mucho y dejaron salir a todos sus Pokémon para defenderse de dicha amenaza, pues siendo sus atacantes Pokémon fantasma no estarían a salvo si no se deshacían de ellos, sobre todo al ser de noche y no haber una poderosa fuente de luz que los espantara. De esa manera empezó la batalla campal entre los Pokémon comandados por los humanos y los que parecían luchar por el espectral ser de peculiar anatomía.

En un principio los segundos apelaron a su considerable ventaja numérica, pero los Gastly más débiles no tardaron en ser derrotados por los monstruos amaestrados y de mayor nivel de Cristal y Dante, ante la impasible mirada de su líder; de esa manera, conforme transcurrieron los minutos, más Gastly y algunos Haunter habían caído ya, no sin debilitar primero a alguno de sus oponentes, con técnicas como Maldición —en las que al insertarse un etéreo clavo blanco, causaban un terrible sufrimiento a su rival a costo de su propia energía, hecho que hacía más fácil que fueran debilitados por sus otros adversarios— o Mismodestino —en la que se cubrían de haces de luz entre blanca y morada, y al ser debilitados causaban que toda la vitalidad de sus atacantes desapareciera—, quedando solamente por el lado de los humanos Liechen y Capone, en tanto del bando contrario restaban tres Haunter y quien ejercía control sobre ellos. Sin dudar siquiera, los peones de éste último se situaron dos delante y el otro un poco más atrás, generando los primeros esferas púrpuras con decoloraciones negras que no tardaron en aventar contra sus rivales; sin embargo, los dos Pokémon siniestros eludieron la primera andanada, el canino con ágiles brincos y el cuervo al alzar el vuelo, tras lo cual se lanzó rápidamente en pos de sus atacantes con sus magníficas alas extendidas y brillando de color blanco, asestándoles un golpe que resultó definitivo para ambos. Para su mala suerte, el Haunter detrás de éste dirigió hacia él sus puños a toda velocidad, encajándole sendos golpes en el rostro y pecho, dejándole fuera de combate con ese sorpresivo Puño Sombra, aunque ese espectro no tuvo mucho tiempo para celebrar, pues casi de inmediato fue achicharrado por un potente Lanzallamas exhalado por Liechen… ahora solo les faltaba deshacerse del único fantasma que quedaba, dado que los demás habían huido apenas fueron derrotados o tuvieron la fuerza para hacerlo.

—Ahora sí podré saber de qué se trata —pensó Dante mientras le apuntaba con su Pokédex al ser cuestión, luego de haber hecho regresar a su cansado Honchkrow.
—Spiritomb, Pokémon prohibido; se dice que éste ser espectral está conformado por 108 almas de seres castigados por sus malas acciones en la antigüedad —fue la información brindada por la enciclopedia electrónica.

Ajena a lo dicho por aquella máquina, Cristal solo tenía ojos y oídos para enfrentar a Spiritomb, que al verse desprovisto de su séquito comenzó a proyectar veloces sombras en el suelo con dirección de Liechen, que adeptamente las esquivó con brincos, en tanto intentaba disparar alguna corriente de fuego hacia su oponente; éste, sin embargo, generaba esferas acuosas en el camino de los ataque ígneo, con lo que ambos se nulificaban, dándole la ventaja al fantasma, dado que éste no había participado en el enfrentamiento campal desde el inicio. Viendo que ello no servía, la taheña ordenó a su monstruo acercarse y aplicar un ataque Triturar, mas cuando se situó a poco más de un metro de su contendiente, lo que parecía ser el rostro de éste se iluminó de un centelleo cerúleo, una técnica de Hipnosis que podría resultar definitiva.

—¡Liechen, Pantalla de Humo! —ordenó prestamente Cristal, esperando que su plan de último momento funcionara.

Obedeciendo ciegamente la indicación de su compañera humana, el can no tardó en liberar de sus fauces una espesa nube de hediondo humo negruzco en dirección del maléfico Pokémon fantasmal, la que bloqueó la luz zafirina al rodearle por completo.

—¡Cristal, ya lo tienes, usa el Lanzallamas! —gritó Dante, notando lo beneficiosa que era la situación para su novia.
—¡Ya escuchaste Liechen, Lanzallamas! —mandó con fervor la chica de ojos verdes.

Liechen no tardó en volver a abrir su hocico, en esa ocasión para escupir una intensa llamarada de tonos rojizos y anaranjados que avanzó amenazadoramente hacia el desprevenido fantasma, que rodeado de nauseabundo gas, no tardó en verse prendido en llamas por la reacción del fuego con éste, dándose pronto una sonora explosión que por poco no dejó sordos al atacante ni a los dos humanos, aunque éstos últimos tuvieron que cubrirse los oídos para no ser tan afectados.

Cuando el polvo y humo negro resultantes se despejaron, lo único que quedó fue la piedra de cuyos orificios provenía el ectoplasma que formaba la espiral que fungía como el rostro del espectro, lo que ambos entrenadores podían ver por primera vez; para sorpresa de ambos, dicho objeto se sacudió un poco antes de empezar a dar pequeños y cortos brincos, a causa de su peso, en la dirección por la que había venido. En pocas palabras, luego de atacar y ser vencido, estaba emprendiendo la graciosa huída; irónicamente, ésta no pudo ser, ya que con gran tino a pesar de la oscuridad, la pelirroja le aventó una Pokébola que de inmediato le absorbió por completo, sellándose su captura tras un breve resistencia, expresada por las dos o tres sacudidas que tuvo que soportar dicho artefacto.

—No creías que después de causarnos tantos problemas te ibas a escapar, ¿verdad? —inquirió sardónicamente Cristal al recoger del suelo el contenedor esférico.
—Buena captura —le felicitó Dante, a lo que su compañera respondió con una sincera sonrisa—; ¿ya tienes pensado algún mote para él, ella o lo que sea? —preguntó con interés.
—Supongo que recuerdas esa novela que estuve leyendo en Canalave —respondió la chica, a lo que el muchacho de cabello moreno asintió—; pues bien, a partir de hoy se llamará Myuri, y sé que me ayudará mucho contra cierta persona —añadió al dirigir la mirada en la dirección en que se situaba Hearthome.