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Afromerikans
11-12-2008, 04:16:40
Arrepentimiento, Contrición
Por: Mario Quintero (Strawberryrikans)

Yo, Xavier Tom Mendizábal Agüero, de una edad flexible y renuente al control del almanaque, ladrón de vocación y por innata capacidad para el respetable ejercicio del hurto y escamoteo empresarial, marido de nadie y padre de un hijo de más de 12 años llamado Javier y miembro de la Asociación de Ladrones y Rateros Americana (ALRA), escribo el presente documento para la posteridad desde la celda de la cárcel de una isla que aún no me aprendo el nombre, tal vez lo escriba en el bloc que me traje acá hace 3 meses, lo engrape y lo lance por la ventanilla, tal vez alguien lo encuentre y lo vea, juro estar contrito de lo que he hecho. Me propongo describir todos los sucesos que han construido la senda a esta pocilga en la que estaré por los cuatro mil seiscientos noventa y dos años (4692).

Siempre en todos los diciembres asesinaba personas y siempre cambiaba mi personalidad (documentación) para hacer los crímenes más colosales de la Tierra. ¿Por qué? Un trauma, sí, un trauma, bueno, por así decirlo; que ¿qué sucedió?, mi infancia la viví en un pueblo pequeño en Venezuela llamado San Carlos de Río Negro, población fronteriza con la República de Colombia y Brasil, vivía en una casucha hecha de palmas y otros materiales naturales y botánicos; todas las Navidades no hacía nada, era un día más del año por mis bajos recursos —económicos, claro está— siempre hacía una carta al niño Jesús pero jamás se la llevaba y descubrí que los padres de los niños son los que traen regalos bajo el seudónimo de “Santa Claus” o “Niño Jesús”. Un día mi mamá vino con algunas cosas para celebrar por primera vez una Navidad pero mi padre, furioso, empezó a hablar zizaña de las fiestas decembrinas: descubrí que era ateo. Ese día, que no lo he mencionado, creo que fue el 14 de diciembre de 1989, empezó a golpear a mi mamá sin razón alguna y le incrustó en la yugular un escalpelo de acero que trajo un caraqueño, me dejó medio chiflao por así decirlo.

Luego me apasioné de una manera maniática al hurto en las calles de Caracas y empecé, allá por la capital, a vivir en los bloques del 23 de enero. Salía en los titulares de los diarios y periódicos del país con el alias de El Indio, cada quincena falsificaba mi cédula pero pude recibir una buena educación en liceos y finalmente en la Universidad Central de Venezuela en la carrera de Letras, por eso este serafín léxico, pero jamás quise desarrollar mi carrera, de seguro me hubiera ido mejor. El 23 de diciembre en 1997 cometí el crimen de la historia, fingí ser un empresario exitoso y célebre ejecutivo, presidente de una compañía fantasmagórica (inexistente) y llegué a timar al gerente general de una compañía de telecomunicaciones que dio el boom en mi país, no había Internet pero existían “ladrillos”, teléfonos y todo tipo de cachibaches. Llegué a ganarme una fortuna, pero descubrieron lo que hice cuando ya estaba instalado y acomodado en Suva, Fiji. La INTERPOL me buscaba. Luego de semanas y meses no podía dormir por las llamadas que hacían a mi residencia amenazando. De madrugaba me enrrollaba en edredones sin poder pernoctar hasta que un destello salió de aquel televisor de muchas pulgadas y se quebró la pantalla. Una mujer de senos de tamaño ulterior pero cara completamente rajada, semejante a mi mamá, salió del hoyo de la pantalla de aquel aparato y comenzó una conversación entre ella y yo:

— ¿Quién eres tú? — decía yo
— El fantasma de las Navidades pasadas —
— ¿Aaahhh? ¡NO TE HAGAS LA BROMISTA! Ya te has visto muchas películas. —
— En serio, te lo muestro…

Levantó uno de sus dedos, sutilmente, y la yema disparó un rayo iridiscente que luego abre la pared de la residencia dando a mi casa de pequeño, no sé de qué manera, porque yo seguía en Suva. Allí me di cuenta que eso era real, además me pellizcaba a cada momento pero no era un sueño. Cuando entré a mi casa, me vi a mí mismo sentado en un catre hecho a mano por mi mamá de niño. Se abre la puerta y entra mi mamá traté de darle un abrazo pero la traspasaba y además no me veía, ni sentía ni oía. Y luego empezó a reproducirse esa escena tan terrible que conté hace un momento, ese suceso fue el peor de todos e inclusive llegó a matar a mi madre mi maldito papá, que ni debería serlo. Aquella dama me decía:

— ¿Ves? Todo el mal empieza desde acá —hablaba y no respondía— Todos tus engaños, hurtos y pecados se generan a partir de este terrorífico suceso, cuando muere por culpa de aquel señor, tu madre. A definitivas no debiste seguir su ejemplo. Sé que en tu adolescencia viajaste a la capital para estudiar, pero en absoluto, desarrollaste tus habilidades literatas, culturales e idiomáticas, lo que hiciste fue timar a la pobre gente inocente. Nunca debiste seguir el ejemplo de aquel señor, el maldito, debiste salir adelante y con éxito; tu decidiste esta triste vida. Y por lo que veo jamás tuviste una Navidad como se debe, esta época te traumatizó y tu siempre “atacabas” en estas fechas…— interrumpe —Antes de despedirme, diré mi nombre: Vanessa...—

En un santiamén todo desaparece y me veo absorbido a mi domicilio que estaba al lado, creo que todo era una quimera o imaginación. Levité y caí en mi cama, las sábanas y edredones me taparon hasta la coronilla y el televisor se reconstruyó; luego, me quité toda la lencería de encima y noté que todo estaba como antes de lo acaecido.

Traté por lo que más quise de dormir, pero el nerviosismo policiaco, el peor hecho que me ha pasado franqueó frente a mis ojos y una mujer extraña me lleva a observar algo tan traumante como mi infancia y habla conmigo como si ella fuera un superior, pero me hizo reflexionar: si hubiera ejercido mi verdadera vocación hubiera sido de un exitoso y tendría una familia que me ayudara, me acompañara, no me deje solitario y desguarnecido. Sabría cual sería el verdadero significado de Navidad. Esta vez, por una extraña razón, empezó a caer trozos colosales de granizo que casi rompían las ventanas del balcón: eran bloques de hierro helados disfrazadas de blanco azulado. Vi como una especie de trineo volador, empujada por unos renos de narices coloradas levitantes, se estaciona en el balcón —destruido por completo—.

Ese señor parecía el que veía en las imágenes y fotos de las tiendas donde robaba, creo que se llamaba Santa Claus pero éste estaba vestido de azul y aguamarina. El tipo aquel, con un saco lleno de bizarras barras de hierro y garfios puntiagudos, golpeaba la cama y el N64 que tanto me costó obtener en un país tan alejado de la civilización. El esquinero de la cama estaba rasgado y el colchón también, la colcha y la sábana seguían intactas. Al parecer se abre un agujero negro en el colchón que lo absorbe todo: cesto de basura, buró, computadora e inclusive a mis peces Largiruchitiviripumpúm únicos en el mundo. Caí en una penitenciaría, me veía a mí igualito como estoy ahora y unos guardias interrogando, esta vez me quedé estático del sobresalto. El señor apareció a mi lado, hablándome:

— ¿Qué hiciste? Lo que sucedió en el pasado tiene consecuencias en el presente. Ya conociste a Vanessa, gran amiga mía, yo soy Dominique, el fantasma de las Navidades presentes. ¿Qué esto? debes estar pensando. Estoy seguro de que cualquiera tiene la contestación en la punta de la lengua pero nadie se aventura a mencionarlo. La policía, mañana te asirá la policía y te encerrará en la cárcel, aquí verás como entras a la cárcel por culpa de tu incompetencia, ya no puedes hacer nada. Así que me voy. —

Eso fue raro; sucedió lo mismo: fui absorbido a debajo de mi cama y el viejo decrépito “moral” desapareció pero dejó mi cama destruida. Ya eran las cinco de la mañana y unas sirenas llegan frente a mi residencia, pero cuando iba a entregarme: ¡se detuvo el tiempo! Las cortinas me enrrollaron y las sillas flotaban en el aire; los retratos se estrellaban con las paredes y la antena del televisor comenzó a girar sin parar sola. Una sombra gigante arropa mi casa y sale una figura espeluznante: manos huesudas, bata con capucha que cubría la cara (no visible) con ojos rojos negra, una guadaña gigante, y mancha de sangre en ese viejo trapo. Un tornado de sombras me tomó de la cadera y me llevó, esta vez a un cuarto, donde había un calendario que marcaba el año 2008, donde iba a ser condenado a muerte en la horca. La parca, o lo que se parecía, hablaba con voz de transformista sexual y fue casi inentendible lo que hablaba, pero tocó mi corazón y recuerdo haberme echado la culpa de todo.

*Interrupción vida real* *Mientras Xavier escribía las paredes cayeron encima y el cielo se desmoronaba, un garfio le pegó un pellizco y... ¡despertó!*
Xavier en realidad era un reconocido literato y periodista, y todo lo que pasó, fue una pesadilla. Se levantó asustado. Al llegar al baño encuentra un bloc sucio, escrito con todo lo anterior. Lo colocó en su árbol de Navidad con sus hijos y su esposa, y mágicamente al día siguiente desapareció. Luego, ese cuento se volvió popular y a los niños no les aterraba; era una versión realista de “Un Cuento de Navidad”. Xavier mira al cielo y pasa una estrella fugaz con la silueta de un trineo frente a ella, en el día ve una nube en forma de mujer y La Parca, bueno, La Parca, pues nada, Xavier pasó el susto de su vida pero ahora enseñó a todo el mundo a hacer el bien.